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BILLY WILDER

 

 

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Nació el 22 de junio de 1906 en la ciudad polaca de Sucha, que entonces formaba parte del Imperio Austro-Húngaro. Creció en Viena, donde pronto se interesó por el jazz y los westerns. Su madre murió en el campo de concentración de Auschwitz. Llamaba a sus hijos Billy y Willy sólo porque le gustaba el sonido "yanqui" de esos apodos. Cursó estudios de derecho pero abandonó para ser bailarín y más tarde periodista. En 1927 La UFA le ficha para trabajar corrigiendo guiones, aunque en ésa época ya tenía algunos policíacos, musicales y comedias propias. A la llegada de los nazis al poder, comprendió que su linaje judío le causaría problemas y marcha a París, donde debuta en la realización con "Curvas peligrosas". Pero enseguida es reclamado por Joe May, otro exiliado, para que viaje a Estados Unidos a pesar de no el idioma inglés. En Hollywood trabaja como guionista para otros refugiados May, Thiele, Dieterle; para la Paramount y  colabora con Ernst Lubitsch, al que siempre consideró su maestro. Se asoció más tarde con Charles Brackett  y escribió los guiones de algunas comedias clásicas, "Ninotchka" y "Bola de fuego". La sociedad fue un éxito y se aventuró a producir y dirigir películas... El genio de Billy Wilder estaba en marcha y el mundo del cine arropaba a todo un maestro, un genio y como dijo el director española Trueba: "Wilder era un Dios".

En 1942 con Brackett de productor, crearon varios clásicos como "Perdición", "Cinco Tumbas al Cairo", "Días sin Huella" y el monumental "El Crepúsculo de los Dioses", protagonizada por William Holden y Gloria Swanson. A partir de entonces sus películas fueron notablemente más cáusticas y cínicas, como "El Gran Carnaval", aunque Wilder también produjo comedias que rozaron la perfección mas absoluta, como: "Con Faldas y a lo Loco" y "El Apartamento". Sus ingeniosas frases, tanto en el cine como en la vida real, son la constatación de un talento aplicado en todos sus filmes carentes de guiones estériles. Un humorismo que se manifiesta deliberadamente y de forma natural con golpes visuales ayudando a la construcción narrativa mostrando su virtuosismo y carácter alegre aunque sus primeras obras reflejaban precisamente lo contrario. Retrató con transparencia el lado oscuro de la humanidad y la tragedia cómica del hombre común, policíacos y dramas que denunciaban las falsas apariencias y los sueños rotos de Hollywood... como se aprecia en "El crepúsculo de los dioses" 1950. Suyo es también el mérito de haber combinado en la pantalla a Jack Lemmon con Walter Matthau. En Lemmon dijo encontrar el paradigma del hombre vulgar y común, y en Matthau el contrapunto más impresentable. Trabajó con Tyrone Power, Tony Curtis, Audrey Hepburn, Humphrey Bogart, Shirley MacLaine y Gary Cooper entre muchos otros. De Marilyn Monroe sacó lo mejor, cuenta la leyenda que Wilder tuvo que rodar 59 tomas de un plano en el que ella sólo tenía que decir "¿Dónde está el Bourbon?", y eso que lo tenía escrito en el cajón que tenía delante. "Sus pechos son como granito, pero el resultado en pantalla era pura magia, su cerebro de queso gruyère era un juego metamorfosico que finalizaba con secuencias magistrales....merecía la pena sufrir rodando con ella...dijo de Marilyn...

  

-" No tengo tiempo para considerarme un inmortal del arte. Hago películas sólo para entretener a la gente y las hago tan honradamente como puedo "-

Billy Wilder fue uno de los grandes directores de la historia de Hollywood gracias a Hitler. Nació en Austria pero de joven se mudó a Berlín. Allí fue periodista deportivo. Le gustaba escribir crónicas, historias. Una de las que más le gustó fue un artículo sobre gigolos. Para entender de qué se trataba la cosa, decidió ser gigoló un par de semanas. Así era. Dedicado, obsesivo, detallista. Tras la llegada de Hitler al poder, fue inteligente como para entender que un judío como él no tenía mucho para hacer en esa Alemania y partió a París. Poco tiempo después, en 1934, llegó a Hollywood. En Estados Unidos estuvo sin trabajo y pasó hambre algunos meses. Él no se preocupó demasiado: su gran objetivo era aprender el inglés a la perfección. Escuchó la radio, salió con mujeres con el primordial objetivo de hablar todo el tiempo. Fue guionista. No le tomó mucho tiempo para demostrar que era distinto en todo lo que hacía....Lo que decimos de él los cinéfilos, es que era un Dios.

 

 

LO MEJOR DE BILLY WILDER

 

 

Testigo de cargo, junto con Doce hombres sin piedad, es un enorme reflejo y gran símbolo de todo lo que tiene que ver con los jurados, abogados y el intento de resolver un crimen. Testigo de cargo está basada en una novela de Agatha Christie, sobre ella Wilder logra transferir su magia a la pantalla grande. Una historia que pone en tela de juicio el sistema judicial. Un abogado zorro y con enorme experiencia defiende a un acusado que parece estar un paso adelante de todos. ¿O no? Un film atractivo que ha resistido el tiempo de la mejor manera. Es evidente que para la época fué revolucionario, dejando al espectador sorprendido con esos finales que Agatha Christie sella con pluma de oro.

 

 

Con faldas y a lo loco, Billy Wilder da una lección del mas fino humor gratis en esta película. Una historia sencilla pero fresca, bien contada y efectiva. Cuenta con actuaciones de verdaderas leyendas difíciles de olvidar: Jack Lemmon Tony Curtis y Marilyn Monroe, la actriz no luce elegante pero sí caliente en cada uno de sus movimientos. Cuenta el director que de toda su filmografía, es donde Marilyn fué mas creíble y autentica...Gran final.

  

 

El apartamento, gran obra ambiciosa y crítica pero simple a la vez. Entrañable. Jack Lemmon interpreta al esclavizado y siempre obediente oficinista C.C. Baxter, un personaje difícil. Wilder filma práctico, directo y contundente. Su estética es agradable y llena de detalles extraordinarios. Un argumento moderno, ácido y desafiante para la época, lejos de ataduras. Perfecta mezcla entre la comedia, sutil, y el drama. El hombre gris que, de una vez por todas, se cansa de los pisotones de sus superiores y deja de sentirse solo en una isla de un millón de personas. Una película llena de grandes momentos.

 

 

Primera plana, una de las duplas más divertidas se juntan para entregar otra comedia a la que no le faltan mensajes ni sentimientos. Jack Lemmon y Walter Mattahu son pura química. Otra vez, Wilder se mete con el tema del periodismo, la película es una adaptación de una obra de teatro. Se trata de una herramienta de comunicación mentirosa a la que el director agrega otros detalles divertidos. Una frase del editor Walter Burns (Matthau) quedó entre las grandes: “Nuestro nombre The Chicago Examiner, tiene que estar en el primer párrafo. ¡El primer párrafo! ¿A quién se le va a ocurrir leer el segundo?”.

 

 

El Crepúsculo de los Dioses, es cine puro al 100 por 100, y una de esas obras que uno jamás se cansa de ver. El brutal paso del tiempo sobre una gran estrella del cine mudo, que a toda costa quiere permanecer en ese crepúsculo, donde habitan los Dioses....¿Lo consigue?...Vosotros cinéfilos y amantes de las obras maestras, tenéis la respuesta.

 

 

"El universo de Billy Wilder", es un libro que todos los amantes del cine deben leer, es una enciclopedia, en la que 22 prestigiosos críticos: Oti Rodríguez Marchante, Ignacio García Garzón y Fernando Rodríguez Lafuente... desmenuzan y analizan hasta el detalle, no solo su magnífica filmografía, sino también la compleja e irrepetible personalidad del genial cineasta. Nada queda fuera de este largo recorrido por la vida del autor de obras maestras como «Perdición», «El crepúsculo de los dioses», «El gran carnaval», «Sabrina», «Ariane» o «El apartamento». Desde su primera etapa como guionista en Berlín, donde fue reclutado con 25 años por el principal estudio de cine de la República de Weimar y el Tercer Reich, hasta su última película como director, «Aquí mi amigo». Tras este film, ninguna compañía de seguros quiso correr riesgos.... dada su avanzada edad, para asegurar un nuevo trabajo. En 455 páginas conocemos al Wilder de «El azul del cielo», que se ganó la libertad para desarrollar los giros emocionales de los personajes, sin salirse del corsé que los estudios establecieron en la época en la que el nacionalsocialismo comenzaba a asomar la cabeza. O al de «Adorable», que hizo que Hollywood se fijara en él por primera vez. Película tras película, este volumen analiza al hombre que, desembarcó en Nueva York huyendo del nazismo, con 27 años y unas cuantas ideas en la cabeza, comenzando a trazarse caminos que nadie se hubiera imaginado en el vasto y conservador imperio de Hollywood. Muchas de esas ideas, danzan en los capítulos de "El universo de Billy Wilder" y a lo largo de sus veinticinco películas, parte fundamental de ese universo. Fobias y obsesiones tan variadas que se analizan independientemente, porque dieron forma a muchas de sus obras. El alcoholismo en «Días sin huella», creando el documento más demoledor del cine clásico sobre el descenso a los infiernos a causa de la bebida. El adulterio de «Perdición» o «La tentación vive arriba», que le convierten en uno de los primeros cineastas en cuestionar la moral sexual de la población estadounidense. También esa doble vara de medir con la que trató el mundo femenino, como utilizó a Marilyn Monroe... pero reivindicándose al mismo tiempo como uno de los primeros directores de Hollywood en reflejar los cambios sociales y culturales relacionados con la emancipación de la mujer. Y sus críticas mordaces al comunismo, pero también al capitalismo, al que plasmó en ocasiones como el cuento de hadas del estilo de vida americano.

 

 

 

 

Con su espíritu provocador, el camino no fue fácil. Su relación con la censura no fue precisamente amistosa. En 1934, no le concedieron permiso para rodar un «remake» de «Curvas peligrosas». Un primer encontronazo al que le siguieron otros muchos. En 1940, condenaron la escena de dos soldados conversando en un cuarto de baño en «Arise, My Love» por desprender un cierto aroma homosexual. Más tarde vinieron las sospechas de que «El mayor y la menor» incitaban a la pedofilia. Después, criticaron la poco escrupulosa conducta del Ejército en la ocupación de la capital alemana en «Berlín Occidente». Y suprimieron una relación sentimental entre dos hombres en «¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?» Todo esto tuvo que pagar el genial director, por mostrar a personajes que osaban desafiar los códigos morales de su época o se empeñaban en no escuchar a su propia conciencia... si es que la tenían.

 

 

 

Billy Wilder tiene muchos consejos que dar...

Concretamente, una veintena de frases memorables.

 

"Si quieres decirle a la gente la verdad, sé divertido o te matarán".

"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas; no se puede convertir un excremento de gallina en chocolate".

"Una vez me preguntaron: ¿Es importante que un director sepa escribir? Y yo respondí: No, pero sí lo es que sepa leer".

"Si el cine consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, no ha pagado la factura del gas o ha tenido una discusión con su jefe, entonces, el cine ha conseguido su objetivo".

"Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la II Guerra Mundial. Ella guarda una cierta semejanza con esa guerra: era el infierno, pero merecía la pena".

"Me han preguntado si volveré a trabajar con Marilyn y tengo una respuesta clara. Lo he consultado con mi médico, mi psiquiatra y mi contable, y todos me han dicho que ya soy demasiado rico... gracias a ella.".

"Todos los días miro las esquelas de los periódicos y me fijo, sobre todo, en la edad del muerto. La mayoría son más jóvenes que yo. Me asusto y pienso: a lo mejor, lo único que sucede, es que se han olvidado de mí".

"Del mismo modo que todo el mundo odia a Estados Unidos, todo Estados Unidos odia a Hollywood. Existe el profundo prejuicio de que todos nosotros somos tipos superficiales que ganamos diez mil dólares a la semana y que no pagamos impuestos, que nos tiramos a todas las chicas, que tenemos profesores en casa que dan clases a nuestros hijos de cómo subirse a los árboles, que cada uno de nosotros tenemos dieciséis criados y que todos conducimos un Maserati. Pues sí, todo eso es verdad, aunque os muráis de envidia".

"Algunas personas sólo guiñan los ojos para poder apuntar mejor".

"Recuerda que eres tan bueno como lo mejor hayas hecho en tu vida".

"Un director tiene que ser policía, comadrona, psicoanalista, adulador y bastardo".

"Cuando rodé con Marilyn la escena de la ventilación del metro tenía la atención de todo el mundo. Se reunieron veinte mil personas, hubo caos de circulación y una crisis matrimonial entre Joe DiMaggio y ella. Reconozco que yo también me habría puesto nervioso si veinte mil personas hubieran estado observando una sola casa: cuando mi mujer se levantaba las faldas por encima de la cabeza".

"Nunca me retiraré. Tendrán que quitarme la cámara para que yo deje de hacer películas. Moriré haciendo películas.

"Me encantaría morir a los 104 años, completamente sano, asesinado por un marido que me acabara de pillar, in fraganti, con su joven esposa".

"Ninguna buena acción queda sin castigo".

"He vivido la época en que se temió que el cine fuera desplazado por la televisión, pero yo no he compartido ese miedo porque sé que la radio y los discos no pueden destruir la ópera. La televisión no puede acabar con el cine porque la gente quiere estar allí, quieren ser los primeros, quieren oír las risas de otras personas".

"No voy a la Iglesia; arrodillarme me hace bolsas en los pantalones".

"Es aburrido ver a alguien entrar en una casa por la puerta; es mucho más interesante cuando alguien entra por la ventana".

"No es verdad que todos mis colaboradores acaben dándose a la bebida, muchos sólo sufren infartos. Yo no sufro infartos, los provoco".

"Un húngaro es alguien que entra contigo a la vez en una puerta giratoria y sale antes que tú".

 

Se ha comentado mucho una entrevista que quiso hacerle a Sigmund Freud, es obvio que me parece de gran interés, a pesar de que entonces era un periodista joven. Esto es lo que dijo muchos años después:

 

-" No llegué a entrevistar a Sigmund Freud.... Fui a Bergasse 19, donde vivía. Era un barrio de clase media. Fui provisto de una única arma, mi tarjeta de visita de periodista del Die Stunde. Era un reportaje para el número de Navidad: ...en el que tenia preparadas preguntas como: ¿qué opina del nuevo movimiento político en Italia?”. Mussolini era un nombre nuevo. Corría el año 1925.... para mí era nuevo y me documenté sobre el asunto. Pero Freud odiaba a los periodistas, los despreciaba, porque todos solían reírse de él.... Llamé al timbre. La doncella abrió y dijo “Herr Professor está comiendo”. Le respondí: “esperaré”. Así que me quedé allí sentado.  A través de la puerta que daba a su despacho se veía el famoso diván… me llamó la atención lo pequeño que era. Yo estaba sentado en una silla. De repente levanté la vista, y allí está Freud. Un hombre diminuto. Tenía una servilleta atada alrededor del cuello, porque se había levantado de la mesa a mitad de la comida. Me preguntó: “¿Periodista?” Yo dije: “Sí, me gustaría hacerle unas preguntas”. Replicó: “Ahí está la puerta”. Me echó y fue un momento culminante de mi carrera. Me me han preguntado constantemente sobre ello, hay gente que ha viajado sólo para preguntarme por todos los detalles, para que les diga exactamente lo que pasó. Pero eso es lo que pasó. Un simple... “ahí está la puerta”.-

 

 

Esto esta extraído del recomendable libro "Conversaciones con Billy Wilder", de Cameron Crowe —una apasionante entrevista con al anciano director, que nos sirve perfectamente como presentación de la figura del cineasta austriaco. Empezar recordándolo con una cita meramente cinematográfica no haría justicia a su figura. Billy Wilder, el hombre, ya había visto unas cuantas cosas antes de que naciera Billy Wilder, el cineasta. Fue el periodista al que Sigmund Freud echó de su casa. Bailó con mujeres por dinero. Hizo crónica de sucesos. Vio y vivió, y lo registró todo en su memoria. Huyó de Europa, como tantos otros talentos judíos, cuando el auge de Hitler envenenó el aire, aunque algunos de sus familiares no tuvieron tanta suerte y perecieron en los campos de exterminio. La madre de Wilder, de hecho, murió en el mismo campo donde tiene lugar la acción de La lista de Schlinder, una película que él pudo haber dirigido de haber sido más joven, aunque con toda seguridad no se hubiera parecido en nada a la que conocemos hoy.

 

“El público nunca se equivoca. Un miembro del público, tomado individualmente,  puede ser un imbécil. Pero mil imbéciles juntos en la oscuridad… eso es genio crítico”

 

Wilder era uno de esos pocos cineastas lo suficientemente influyentes y con un estilo lo bastante reconocible como para haber generado un adjetivo: “wilderiano”.  También es una personalidad del cine que se ganó la inmortalidad no una, ni dos, sino varias veces, con sus obras maestras eternas, como los títulos que mencioné anteriormente... ¿No resulta impresionante? ¡Es mucho más que impresionante! Incluso unas cuantas de sus películas por así decir, “menores”, resultan memorables: desde el espionaje bélico de Cinco tumbas al cairo hasta la historia de traiciones en un campo de prisioneros de la brillante Traidor en el infierno, en la que, paradójicamente, sólo fallaban los interludios cómicos, pasando por la emotiva The spirit of St. Louis y, cómo no, las famosísimas piernas de Marilyn Monroe en La tentación vive arriba, aunque fue en Con faldas y a lo loco donde Wilder se las ingenió para que Marilyn desplegase todo su poder e inundase las pantallas de su sexualidad,  probablemente fue esta la película más adorablemente pecaminosa que rodó la actriz. Lo suyo ha sido un legado demasiado vasto como para resumirlo en pocas palabras. Recuerdo que una profesora solía decirnos “Marcel Proust es la vida” , y los ojos de nos agrandaban..¿quien era Proust?... Hay que amar la docencia para decir algo así enfrente de un puñado de adolescentes principiantes, como queriendo expresar que aquel escritor podía captar la esencia de eso tan abstracto llamado “la vida” y trasladarla con éxito al papel. Algo similar puedo decir de Wilder. En sus mejores películas, ya sean dramas o comedias, había mucho más que argumentos, planos y diálogos: había toda una visión del mundo. La cual, además, rara vez resultaba positiva u optimista. Wilder era un cínico, no creía en la gente, algo de lo que resulta difícil culparle. ¿Misántropo?... Sí. ¿Misógino?... Probablemente. ¿Había ribetes oscuros en su sempiterna tendencia al sarcasmo?... Con toda seguridad. ¿Había una considerable ración de mala sangre en sus películas?... Desde luego. Pero eso le hizo llegar al crepúsculo, no imagino a Wilder ejerciendo de misionero o tratando de quedar bien con todo el mundo. Su papel sobre la tierra era el de injuriar y celebrar la vida al mismo tiempo. Vivió noventa y cinco años en un mundo que él consideraba, poco más que un vertedero.

 

Pero tuvo el suficiente sentido del humor como para destilar vinagre y convertirlo de nuevo en vino. La mejor comedia consiste precisamente en eso: tomar aquello que detestas y darle una vuelta para conseguir que los demás se rían de ello. La comedia es una venganza, es la mejor manera de pedirle una satisfacción a la existencia. Con la comedia, uno se ríe de la vida y de todos cuantos la viven preocupadísimos por sus pequeños tropiezos. Esta actitud de la que hablo no era exclusiva de sus películas cómicas, en realidad iba mucho más allá; fue una actitud que primó hasta en los más oscuros de sus dramas. Un cínico es un cínico, siempre. Y en cierto modo Wilder tampoco dejó de ser periodista, aunque se convirtió en el reverso, aquel que subjetiviza la realidad al máximo. ¿Por qué pensar que la interpretación que hacen otros de la realidad es mejor que la de uno mismo? Así es como parecía pensar Wilder: no resulta extraño que aquel reportero que se hacía pasar por gigoló para poder escribir artículos sobre el tema se sintiera prontamente atraído por la confección de guiones, ya antes de salir de Europa. En el cine mantuvo su mirada de periodista, pero cambió la ética de reportero por la acidez del actor desencantado. Hablamos mucho de comedia, aunque entre sus obras maestras las hay de diversos estilos. Pero siempre valoró la comedia por encima de cualquier otra cosa. La comedia es lo más difícil en el séptimo arte, aunque no sea siempre lo más apreciado, y eso es algo que Wilder sabía perfectamente. La comedia es, técnicamente, el pináculo de la complejidad narrativa. Crear un chiste efectivo a la vez que inteligente, y hacerlo muchas veces durante un largometraje, y que ese largometraje sea también un arte visual, es una de las metas más difíciles que puede marcarse alguien que cuente historias en una pantalla. Una auténtica gesta. Di una frase un par de segundos antes de tiempo, o un par de segundos después, o encuádrala de manera equivocada, y la cosa ya no funciona igual. Aun así, sabiendo los riesgos, Wilder se la jugó en numerosas ocasiones: no se conformó con asegurarse una carrera cómoda repitiendo hasta la extenuación, como El crepúsculo de los dioses o Testigo de cargo, exquisita imitación de Hitchcock que terminó siendo una versión más humana del propio Hitchcock. Se lanzó por lo difícil. Hizo comedias porque las comedias eran lo más difícil, y también lo mejor, que podía hacerse. Pero él ya no está con nosotros. Y prácticamente nadie más ha sido capaz de conseguir eso tan difícil tantas veces y tan bien. Dado que el mejor cine cómico es tan complicado de dominar, porque además de comedia, el cine ha de ser arte...No resulta extraño que después de Wilder no haya habido otro nombre, tal vez Woody Allen ha hecho buenas comedias, aunque la mayor parte se haya limitado a ejercer como monologuista de pantalla, ya sea a través de sí mismo o de sus personajes, pero que conforma más como especie de teatro filmado que verdadero cine con mayúsculas. Otros han hecho buenas comedias aquí y allá, en Estados Unidos y en el resto del mundo. Pero nunca habrá otro Billy Wilder.

Es famosa la inscripción que Billy tenía colgada en su despacho: “¿Cómo lo haría Lubitsch?”.... Siempre consideró a Lubitsch, el genio alemán de la comedia, como su principal maestro. Y cuando no sabía cómo resolver una escena, esa era la pregunta que se hacía para salir adelante. Hablaba con admiración del “toque Lubitsch”, esa atención hacia algún detalle aparentemente secundario que llevaba una escena cómica a un nuevo nivel. Años después de la muerte de Billy Wilder y tres décadas después de su retiro forzoso, todos hablamos en cambio del “toque Wilder”. Los cineastas que quieran conocer a fondo los secretos de su arte tienen sin duda, una pregunta grabada: ¿Cómo lo haría Wilder?. El maestro siempre se lamentó de que nunca trabajó con Gary Grant...:

-" Cary... siempre se me escapaba”-

De Audrey Hepburn guarda un gran recuerdo y una delicada anécdota. Cuenta Wilder que durante el rodaje de Sabrina, el guión se escribía sobre la marcha, un viernes el director tan solo disponía de un folio escrito. Tenía a todo el equipo preparado para aprovechar el día entero. Wilder llamó aparte a la actriz, le expuso la situación y le pidió que se equivocara para hacer tiempo. Ella aceptó. El lunes, el guión estaba ya listo y el rodaje continuó sin que nadie se enterara. Billy adoraba a Audrey tanto como a Marilyn, y nunca por muchos años que pasaran, podría olvidarlas. De otras películas, Wilder no guarda un buen recuerdo. Ni de Irma la douce, tal vez porque la tenia firmada Marilyn y la asesinaron antes, ni de Kiss me stupid, ni de En bandeja de plata, porque podría haber sido mucho mejor en todo. También lamenta su ausencia durante el montaje de The private life of Sherlock Holmes. Asegura el director que cuando volvió de París y vio la película montada ya era demasiado tarde. Dos años después estrenó Avanti!, considerada por muchos críticos como continuación de su obra cumbre El apartamento, pero tampoco tuvo el éxito que esperaba. El maestro se sintió en desventaja clara frente a los directores de teatro y dramaturgos:

-" En Broadway, el escritor se sienta allí y es el rey. Pero en el cine, todavía no”-

 

 

 

 

Recuerda que nunca se dijeron tantas maledicencias como en los pasillos del Hotel Ansonia. Los expatriados de los nazis no les quedaba más arma que el filo de su lengua. Tocaba odiar a los que les echaron de casa, pero también a los que habían logrado escapar a París con algo más que lo puesto. En el Ansonia no había huidos de primera clase. Allí se conformaban con el calor de las míseras cocinas en las que se preparaban tantas sopas como chutes de morfina. Cualquier cosa que hiciera olvidar aquel exilio brutal. Existieron tantas leyendas con las que Wilder fue alimentando su biografía. No lo hacía por adornarse, sino por el sagrado deber de la risa: por iluminar su vida con los chispazos de genio que exigía todo buen guión. Era un mentiroso imaginativo, de los que no repiten versión. Iba puliendo los golpes de efecto de entrevista en entrevista, como un buen escritor revisando la eficacia de sus chistes. Y así las dos semanas que pasó viviendo junto al lavabo de señoras del Chateau Marmont se convirtieron en meses viviendo dentro del toilet. Wilder recordaba dándole palique a las damas que interrumpían el traqueteo de su máquina de escribir. El episodio parece haber inspirado un guión que nunca escribió, el de una película histórica que le habría gustado dirigir. La peripecia del único hombre que se queda acompañando a las doncellas en esa ciudad medieval. Su presencia es necesaria porque cuida del portón de la muralla. No sabía mucho de castidades este joven escritor. Lo suyo era seducir. Con las palabras. Aunque en aquellos años del principio no le resultó fácil aprender un idioma que no dominaba. El inglés era extraño. Práctico y directo. Un cañonazo para alguien que habla alemán. Pero ahí estaba el atractivo: podía enfrentarse al nuevo idioma con la libertad del niño que descubre un juguete. Wilder jugó. Y lo hizo bien. Lo supo cuando, por fin, pudo hacer reír con aquella lengua ajena.

 Wilder demostró que había aprendido la lección. Que podía escribir las mejores páginas con su Underwood o con el objetivo de su Panavision. Será por eso que nunca dejó de considerarse un escritor. Reclama ese ADN en su lápida, en un cementerio de Los Ángeles. La frase es la misma con la que firmó el mejor final de la historia del cine: "Soy escritor, nadie es perfecto". Y nos sucede como en Con faldas y a lo loco: su supuesta imperfección nos da igual; nos casaríamos con su divino talento aunque tuviéramos que vivir en el lavabo de señoras del Chateau Marmont. El director dijo que en Hollywood «no había un interés genuino por el cine, sino más bien cierto desprecio». Todo el mundo iba allí con la idea de invertir dinero y llevarse un gran trozo de pastel, pero muy pocos creían que el cine fuera un medio artístico que mereciera consideración alguna. Incluso novelistas como Scott Fitzgerald o William Faulkner utilizaron el cine como herramienta para ganar dinero rápidamente. El cine fue despreciado hasta que llegó la televisión, bromeaba Wilder. Él, sin embargo, pensaba que rodar películas era tan respetable como pintar un cuadro o escribir una novela. Precisamente, la Paramount le asignó como compañero de trabajo a un escritor: Charles Brackett. Juntos escribieron el guión de ‘Ninotchka’, que fue un éxito tanto para su director, Ernst Lubitsch, como para su protagonista, Greta Garbo. Wilder admiraba las películas de Lubitsch, pero sobre todo le encantaba la idea de hacer algo más que escribir guiones: Pensaba que dirigir era más divertido. Escribir es duro, es sangre, sudor y lágrimas. No significa sentarte a esperar a que se te aparezca la musa. Tanto insistió que al final la Paramount le dejó hacerse cargo de la comedia ‘El mayor y la menor’, pensando que se estrellaría, pero a la hora de la verdad fue un éxito de taquilla.... Wilder había ganado el pulso. Como director, Wilder se impuso una norma inquebrantable: «Nunca aburras al público. Si tienes algo interesante que decir, asegúrate de envolverlo en chocolate para que se lo traguen». Por este motivo decidió trabajar a fondo sus propios guiones, rodearse de gente competente e ir cambiando de género para que no le sucediera lo que a Alfred Hitchcock, encasillado como «maestro del suspense». Su primer bombazo fue ‘Perdición’, reconocida décadas más tarde como una de sus obras cumbres  y a cuyo guión contribuyeron los escritores James M. Cain y Raymond Chandler. La cinta fue nominada a siete Oscars. En cambio, con ‘Días sin huella’, Wilder no sólo contó el drama del alcoholismo en imágenes, tabú hasta entonces, sino que ganó cuatro estatuillas, incluida la de mejor director. Acerca de los actores, Wilder decía que no se les podía tratar a todos de la misma manera: «Eres como un psiquiatra con diferentes pacientes en el diván. Dependiendo del caso, tienes que ser un masoquista, un nazi o un padre confesor; tienes que consentirlos, ser amable o severo. Al final sólo son seres humanos con problemas». Quien se llevaba la palma en este sentido era Marilyn Monroe, protagonista de ‘La tentación vive arriba’, quien a ojos de Wilder tenía como única enemiga así misma y su inseguridad. Pero admiró siempre el resultado de Marilyn en la pantalla, no lo entendía, pero aquella chiquilla rubia tenia la magia especial de transformarse en la gran pantalla.

  

-" Nunca ha habido ni treinta segundos aburridos, es excitante, creo que esa es una de sus cualidades como cineasta. Es muy estimulante estar con él. No importa cómo estés, él te levanta… ¡bum!."- Comento Jack Lemmon -

 

Apartado casi a la fuerza de la industria del cine, Wilder pasó los últimos veinte años de su vida coleccionando cuadros de pintores vanguardistas, bonsáis japoneses y premios honoríficos, como los que le otorgaron el American Film Institute en 1986 o la Academia de Hollywood en 1988. En su despacho de Los Ángeles colgó la figura de un pajarillo que se había escapado de la jaula como símbolo del director que había sido capaz de escapar del «triángulo de las Bermudas», formado por Universal, Warner y Columbia. No tenía rencor hacia los directores de moda porque entendía que el cine debía evolucionar, pero sí odiaba a los «innovadores de pega», aquellos que fingían ser profundos pero cuyo único mérito era engañar a los espectadores con mensajes superfluos.

Billy Wilder falleció el 27 de marzo de 2002 a los 95 años, víctima de una neumonía.

En su lápida reza la inscripción «Soy escritor, pero nadie es perfecto», en alusión al final de ‘Con faldas y a lo loco’. Sin embargo, en los años ochenta ya había dejado caer otro posible epitafio: «Quiero que se me considere un cínico de lengua ácida, no quiero parecer un blandengue». Wilder era capaz, incluso, de ironizar sobre la imagen que los críticos habían construido sobre él... Ahora estará rodeado de los dioses que moran en ese crepúsculo que el mismo tantas veces comentaba y que lleva el nombre de una de sus mejores películas:

 

EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

 

 

 

!!! QUE GRANDE ES SU CINE MR.WILDER......QUE GRANDE !!!