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MATAR UN RUISEÑOR

 

 

 

 

Extraordinaria adaptación de la novela de la escritora Harper Lee, con ayuda de Truman Capote, sobre la vida en el Profundo Sur de los EE.UU. durante la Depresión de 1929, vista a través de los ojos de unos niños, hijos de un padre viudo, interpretado admirablemente por Gregory Peck en el cenit de su carrera, que le supondría ser galardonado con el Oscar al mejor actor de 1962, por su creación del íntegro abogado Atticus Finch, que defiende en un juicio a un hombre negro, falsamente acusado de violar a una mujer blanca. Todo el film supone una conmovedora y sublime aproximación al mundo de la infancia, a través de cuyos ojos, percibimos el descubrimiento del mundo y los seres humanos comprometidos y responsables. A través de las ávidas y curiosas miradas de los hijos de Atticus, se nos muestra la intolerancia social sureña con toda su carga de desprecio, odio y prejuicios hacia la comunidad negra. La integridad y la admiración hacia la figura paterna, se eleva en una calurosa noche en que reciben una magistral lección de principios, por parte de su padre en el porche del hogar. Ese descubrimiento del auténtico valor, que no supone ignorar el miedo, sino aprender a controlarlo y a dominarlo, tanto el miedo subjetivo, como por ejemplo: la casa vecina que se supone maldita, y al miedo objetivo, como es el sobrecogedor enfrentamiento de la multitud que pretende linchar al acusado. Es el respeto, mantenido por encima de la consecución de las justas pretensiones, expresado en la secuencia por la comunidad negra, al ponerse respetuosamente en pie en la sofocante galería del juzgado, para rendir homenaje al hombre que tuvo el valor de defender sus derechos. La película es un excelente modelo de adaptación literaria que sabe, a través de una exquisita dirección y una excelente interpretación, efectuar con rigor y sin paternalismos hipócritas, una cruda reflexión sobre una realidad social claustrofóbica y excluyente, vista con la sencillez y la ternura de los ojos de unos niños...Enorme sabiduría la que implanta ese padre en la mente de sus hijos, con esta frase:


-" Nunca se conoce realmente a un hombre hasta que uno se ha calzado sus zapatos y caminado con ellos"-

 



Los hijos del abogado entablan una nueva amistad con Dill Harris, juegan con neumáticos gastados, planean excursiones terroríficas a la casa del vecino loco, se escapan a espiar a Atticus en el juzgado, se impresionan con el sacrificio de un perro rabioso, se asustan con vecinos borrachos y racistas... Mientras transcurre todo eso pasan los veranos, esos veranos que de mayores recordarán con nostalgia...Recordarán también porque matar a un ruiseñor es pecado, porqué ser fiel a los principios de uno mismo y a lo que se debe hacer te ayuda a mantener la cabeza bien alta. Recordarán cuando aprendieron que no siempre lo malo se puede evitar y que muchas veces las apariencias engañan. Pero sobretodo recordarán a Atticus y se enorgullecerán de que sea su padre...Y mientras ellos echan la vista atrás y sonríen, nosotros recordamos que Gregory Peck nos dejó una de las mejores actuaciones de su carrera y que Robert Mulligan la dirigió, dibujando en  nuestros corazones, secuencias y sensaciones que jamás olvidaremos...Y cuando nuestra sonrisa sea tan amplia que no podamos más, nuestros corazones vibraran tanto que casi van a estallar, recordando que un día vimos "Matar a un Ruiseñor".... Desde entonces ya nada puede ser igual.


- !!! Señores, esto es cine. !!!

 



Posee el film uno de los mejores guiones de todos los tiempos....Adaptar una novela al cine nunca es sencillo, pero visto el resultado final lo único que se puede hacer es aplaudir. Historias cruzadas llenas de la más absoluta magia, con puntos de suspense, intriga, drama, comedia y con un mensaje sencillo y nada empalagoso. El guión es extraordinario y la dirección asombrosa. Robert Mulligan pareció estar tocado con una varita mágica cuando dirigió "Matar a un ruiseñor", la primera de las seis películas que haría junto a Alan J. Pakula durante esa década. Espléndida ambientación, todo en su sitio. Mulligan no volvería a realizar nada parecido: Interpretaciones perfectas, los niños están fabulosos y actúan con una naturalidad increíble. Scout Finch (Mary Badham) nominada a la estatuilla, es la inocencia y ternura personificada, maravillosa. Su hermano y su amigo también cumplen perfectamente, la fotografía insuperable....La película tiene una atmósfera difícil de conseguir. Hay imágenes que se te quedan grabadas en la retina... tiene una fuerza visual deslumbrante y es uno de los mejores films de una una época inolvidable, un clásico a venerar.

 

Matar a un ruiseñor, por la que su autora había ganado el Pulitzer, fue un verdadero éxito que todavía perdura, pues a pesar de los años transcurridos desde su estreno, la cinta no ha perdido ninguno de los matices dramáticos que ella nos quiso hacer llegar. Pero este éxito cinematográfico tenemos que atribuirlo a ese magnífico guionista que fue Horton Foote a la dirección de Robert Mulligan, al trabajo de Gregory Peck y a todo el resto de actores. Ese hombre Atticus Finch, que el destino le ha situado en un pequeño pueblo sureño, con dos hijos a los que trata de inculcarles valores de rectitud, respeto y humanidad, que el mismo posee, deberá enfrentarse con un gran desafío. La mayoría de escritores, y Harper Lee no es una excepción, suelen inspirarse en sus propias vivencias al escribir una novela, en la que su íntimo amigo Rtuman Capote, se comento mucho, escribió los mas destacados párrafos. Por eso tal vez, para la escritora tenia una carga emocional muy significativa, ya que el personaje de Atticus Finch se lo inspiró su propio padre...

 

 

He admirado a mi padre, y me he sentido orgulloso de ser su hijo. Porque fué un hombre honesto, que respetaba a las personas e intentó por todos los medios trasmitirme el amor al cine y a la literatura... Por eso entiendo cómo se sentirían Jem y Scout Finch al ser testigos de cómo su padre se encaraba con el pétreo muro de los prejuicios, cómo andaba con la cabeza bien alta entre gentes de escasas luces que alimentaban absurdos e irracionales odios, para defender a los agraviados y clamar justicia en un país donde la justicia se medía por el rasero del color de la piel, de los orígenes, del dinero, del poder y, en resumen, de los que tenían la sartén por el mango. Atticus Finch a los ojos de sus hijos, era David que hacía frente, con su honda, a un Goliat del tamaño de una montaña. Luchando bravamente, pese al gigantesco obstáculo que el Sur le imponía, portando simplemente con el arma de sus principios. Hay hombres en este mundo que han nacido para cargar con las tareas desagradables de los demás. Atticus Finch asumió esa carga sobre sus hombros, y la soportaría hasta el final. Porque él era una de esas personas que, como se suele decir, tienen agallas y coraje. Para unos niños, no debe de haber muchas cosas más dignas de admiración que ver cómo su padre mantiene a raya a las fieras sin perder jamás la compostura y espetándoles a la cara toda la dignidad con la que deja al descubierto la vileza de quienes envenenan el mundo con sus actos mezquinos. En un estado sureño, en plena Gran Depresión, dos hermanos, que cuentan con el impagable ejemplo de ese gran hombre que es su padre, aprenden a quitarse el velo de los dañinos prejuicios. Muchas veces juzgamos por las apariencias, antes de conocer. Y hay quienes llegan mucho más lejos que eso y no vacilarían en eliminar a otros semejantes por el simple hecho de que tengan la piel de un color diferente. Y que no dudarían en ampararse en el poder que les concede un Estado y una “Justicia” igualmente lastrados. La justicia no es ciega ni sorda. Casi siempre se inclina hacia el lado que más le interesa y le conviene...Atticus es de los pocos que tiene como objetivo impedir que ese sistema corrompido se perpetúe.

 

"Matar a un ruiseñor” dio lugar a uno de los más extraordinarios dramas que se han filmado sobre el vergonzoso tema del racismo y los prejuicios y, por extensión, sobre las aberrantes injusticias humanas, y sobre esos héroes desconocidos que nadan a contracorriente sin portar más que su valor y su palabra....Para que los ruiseñores sigan cantando. La obra maestra de Robert Mulligan, esta escrita, fotografiada y filmada prodigiosamente, y envuelta por un diseño de producción verdaderamente admirable, que recrea a la perfección el ambiente de una ciudad provinciana y sureña de la América de la segregación racial. Otro de los descubrimientos de la película es la pareja de niños que interpretan a los hijos de Atticus Finch, especialmente la niña, Mary Badham, que consigue enamorar a la cámara y ofrecer una gama de matices al mostrar la creciente admiración que siente por ese héroe de la vida real, que es su padre. Una excelente película, en definitiva, de esas que tienen el mérito de permanecer en el recuerdo de todo aquel espectador que la sepa apreciar, especialmente secuencias tan magistrales como aquella en la que, al final del juicio contra el hombre negro acusado de violación, el abogado Finch/Peck se levanta y se aleja por el pasillo ante la mirada respetuosa de la población negra puesta en pie. Una niña le pregunta a su madre que si pueden irse, y la madre le dice: "No, todavía no; el señor Finch todavía está en la sala". Hay films especiales, esos que tienen algo que, más allá de la dirección, la interpretación, el guión o la fotografía y los hace diferentes. Quizá sea que no responda a nada objetivo o cuantificable, y sólo esté en la pupila, y en el corazón, del espectador. "Matar a un ruiseñor" es una de ellas. Desde los títulos de entrada uno puede darse cuenta de que está viendo algo diferente. Pero más allá de estas cuestiones, toda la película posee una atmósfera especial, una regresión a la infancia, tan ambigua y excitante como sólo pueden ser los recuerdos. El film explica cosas tan intensas que no pueden expresarse mediante palabras. No es extraño que esta película se vea asociada a La Noche del Cazador. Ambas poseen ese ruido de fondo por debajo de la propia narración que explica por qué una película puede ser arte. Es muy difícil escribir sobre esta película después de tanto tiempo, habiendo leído críticas y esperando una obra maestra atemporal y que colme las enormes expectativas creadas en torno a ella. Así que, en cierto modo, la decepción es algo comprensible....Pero sinceramente, no esperaba que fuera tan grande. Matar a un ruiseñor me parece extraordinaria, aunque no funcione como alegato contra el racismo. Todo en ella es magia, yo personalmente la considero una obra de culto absoluta.

 

El film es más que un drama judicial de carácter racial ambientado en los años 30. El protagonista es abogado, pero ante todo, un ser humano. Y en nuestros tiempos... ¿es posible ser las dos cosas?... La educación subyace detrás de un argumento apasionante. La grandeza radica en la historia, que se narra desde el punto de vista de los niños. Es su visión inocente, que ven cómo su padre viudo se la juega en nombre de la justicia y es repudiado por ello. Si a la historia le faltaba fuerza, ésta se la da la voz de fondo de la hija, desde su timidez y desde un lejano futuro.


-"Una página dulce... y amarga... ¡arrancada de la vida misma!"-

 

Pocas veces he visto un eslogan tan certero. Conforme vamos creciendo, recordamos estas lecciones de vida. Pocas películas enseñan tanto sobre la integridad humana, el sentido del deber, la honestidad, la justicia, la familia, y la importancia de vivir en comunidad. Concluyendo con:

 

- "Visionar Matar a un ruiseñor es todo un ejercicio espiritual que sanea el alma en este mundo veloz, en el que los peajes a veces se pagan con la inocencia y esto es un precio extremadamente caro..." -

 

 

 

 

Unos chiquillos revoltosos, momentos llenos de tensión, un mensaje de denuncia y un universo de cuento de hadas. Scout y Jem comparten con un tímido compañero de juegos un mundo de fábula, dentro del que a un vecino solitario le han dado el papel de ogro. El film suma drama, crimen y análisis social. Sexta película de Mulligan, y uno de sus mejores trabajos. La pobreza, la desocupación, el arraigo de los prejuicios raciales, la división entre comunidad blanca y de color... son realidades descritas con la ingenuidad de Scout. Es interesante la galería de personajes que pueblan la localidad: el borracho y violento Bob, la vecina amable, la señora cascarrabias, el indeciso sheriff Tate, el vecino discapacitado “Boo” Radley, el juez ecuánime, el médico y el granjero Cunningham. Un tercer tema objeto de atención preferente es el padre: el tirador más certero del condado, el abogado más eminente, el padre más inteligente, el mejor profesor de lectura y el amigo de la niña. Recuerda casi todo lo que le enseñó: Cómo conseguir ser comprensiva, en qué consiste... Compone, además, una descripción cálida y emocionante del mundo infantil. La pelicula construye climas y ambientes de excelente factura, convincentes y sugestivos. Cabe citar, entre otros, el que rodea a la familia Robinson como centro de reunión de personas de color, el que respiran los vecinos y vecinas de la familia Finch, el del pueblo y el colegio de los niños.. El alegato antirracista alcanza el punto culminante en el curso del juicio. La memoria de la niña le permite reproducir gestos, muecas, expresiones, actitudes y, sobre todo, miradas de los que intervienen en la vista. Tras la lectura del veredicto, resulta impresionante la mirada del juez.


La obra, desde el principio fue bien recibida entre la comunidad blanca, pero levantó quejas y causó disgusto en la comunidad de color. En efecto, los personajes de color son pasivos, inertes, marginados, borrachos, cobardes, mentirosos. Calpurnia, uno de los modelos femeninos de Scout, se comporta sin iniciativa, sin fuerza propia, sin personalidad. El caso de la violación se inspira en unos hechos que sucedieron cerca de la ciudad en la que vivía la autora, cuando tenía 10 años. En aquella ocasión el cuerpo del acusado falsamente de violación, en su intento de huida de la policía, recibió 16 impactos mortales de bala. La publicación de la novela se produjo en un momento oportuno por la efervescencia de la lucha a favor de los derechos civiles. Poco después era elegido presidente J. F. Kennedy.

La música, de Elmer Bernstein, combina pasajes intimistas, momentos de tensión, cortes de terror y tiernas melodías de aires infantiles. Destacan el increíble solo de flauta que acompaña la espera del veredicto, la inquietante percusión del regreso a casa de los niños a través del bosque en sombras, la estridente composición que anima el ataque nocturno a un niño... La fotografía, de Russell Harlan, busca encuadres idílicos, perspectivas amplias y composiciones complejas en número de personajes y objetos.

 

Desde hace más de cien años el concepto "cine" ha pasado por muchas etapas, cualquier cinéfilo lo sabe. Etapas de todo tipo, tendencias y modas del momento han variado la forma y el estilo de hacer películas. Gracias a ello hemos podido disfrutar de alguna joya inmortal. Obviando los inicios del cine Lumière, actualmente se está haciendo el peor cine de la historia, esta es mi opinión... Pero estos comentarios no tienen nada que ver con el tema que nos ocupa. Cada film cumple una función y está enfocado a un "público"....  Pero al ver de nuevo MATAR UN RUISEÑOR, uno comprueba que es un clásico total y eso te lleva a reprochar esos valores cinematográficos que se han perdido, porque un film como este hace renacer el amor por los clásicos.

 

 

En esta historia la crueldad es narrada con serenidad; como si Mulligan hubiese descartado el recurso incendiario por uno tan simple, llano y a la vez efectivo como el que una niña, inocente, descubra por sí misma que existen personas de segunda a las que se trata como animales.




Obra maestra que pregona los siguientes elementos:

 

 

 

. El buen ejemplo que dispensa un padre a sus hijos con sus comportamientos y actitudes.


. La honestidad y la búsqueda de la verdad a toda costa y a pesar de todo,


- La educación y la enseñanza de valores, modales, principios éticos y morales, conductas de relación por parte de un padre viudo a sus hijos.


. El enaltecimiento de la condición humana en la búsqueda de borrar prejuicios, gracias al esfuerzo de un hombre por conseguir justicia a pesar de las habladurías y la antipatía de todos.

 

 

 


Una cinta que posee una historia que se desdobla en dos:

 


Por una parte se manifiesta como un drama judicial que expone a los derechos de los individuos a una legítima defensa, y que además aboga por el evitar el pre-juzgamiento por causas raciales y por otro lado nos sumerge en las vivencias de la infancia de unos niños. Todo ello dentro de un contexto histórico propio de pobreza surgida con la Gran Depresión.


Un ruiseñor es un pájaro que no molesta en nada y que endulza los oídos de quienes le escuchan cantar. Matarlo es un pecado, tan grave como el asesinar a un hombre negro inocente y noble al prejuzgarlo buscando un chivo expiatorio de las miserias que no son propiedad exclusiva del color de piel. Todos los aficionados al cine sabemos de la fotografía, los movimientos de cámara, el montaje y planificación de una película y que en este caso logran crear una atmósfera fascinante que en seguida nos atrapa y no nos deja después del "The End". Todos recordamos siempre a la familia Finch como si hubiéramos formado parte de ella, y nos hemos emocionado con la expresión de un joven Robert Duvall escondido tras la puerta del dormitorio del hijo de Atticus en una de las escenas finales, o con el plano de Atticus saliendo cabizbajo de la sala del juzgado bajo una platea repleta de negros en pie y en respetuoso silencio...

 

!! Desgraciadamente la perfección no existe !!

Jamás olvidaré la primera vez que vi esta joya del séptimo arte. Y es curioso porque recuerdo que con quince años todo se fantasea, uno imagina o sueña. Ciertamente viví igual que los protagonistas todos aquellos momentos y leyendas urbanas que se contaban los unos a los otros con ese miedo a acercarse a la casa en la que supuestamente los Radley tenían a su hijo Boo escondido en el sótano como si de un monstruo se tratara... Pero lo mejor es que no se trata ni mucho menos de un film para niños, con el tiempo cuando creces y te haces mayor te das cuenta de que el film de Mulligan es todavía mejor de lo que recordabas, porque abres los ojos a algo humano, sincero, emotivo ubicado en tiempos difíciles en los que al igual que hoy hay personas mejores que otras.

 

 

 

 



Como curiosidad, hay que destacar la primera aparición de un joven Robert Duvall en el papel de Boo Radley, el vecino fantasma que intriga a los niños. Los momentos míticos en el filme se cuentan a puñados, como el largo monólogo de Atticus en el juicio, es inolvidable, la conversación entre Atticus y Scout en le porche de la casa, cuando el padre de la supuesta "víctima" escupe a la cara de Atticus. Matar a un ruiseñor es una de las 10 películas que más me gustan de cuantas he visto en mi vida. Para mí el cine es la narración visual de un argumento, un libro escrito con imagen e interpretación y de cuantas historias me han contado a través de una pantalla. De sus aspectos cinematográficos destacaría la ambientación de un pueblo sureño en los años 30, el obligado blanco y negro y la interpretación de unos actores que les dan credibilidad a todos los personajes. Todos danzan entre la tolerancia, la comprensión empática de los demás, el valor, el coraje, la justicia, el compromiso, la fuerza de la palabra antepuesta a la de la violencia, el amor, la intrínseca bondad de las personas y la humildad, son valores que expresa o recogen a lo largo de toda la película con una grandiosa y exquisita sencillez.


 

 

 

 

PREMIOS OBTENIDOS:




Oscars: mejor actor (Gregory Peck), guión adaptado y dirección artística. 8 nominaciones


3 Globos de Oro: Entendimiento internacional, mejor actor y banda sonora.


Sindicato de Directores: Nominada a Mejor director.

 

Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro como mejor película.


Premios David di Donatello: Mejor actor a Gregory Peck.


Premios BAFTA: Mejor película y mejor actor a Gregory Peck.


 

!!! QUE GRANDE ES EL CINE ....QUE GRANDE !!!