VISITAS

 

 

 

 

 

 

 

 

LUIS II DE BAVIERA

de

Luchino Visconti

 

  foxyform

 

 

 

Cuando hace años vi este film, una sensación de extrañeza recorrió mi cuerpo. La película no llegaba a tres horas, y apenas mi admirada Romy Schneider aparecía en ella... salvo montada a caballo...un beso furtivo con su primo... poco mas. Salí asombrado del cine, porque Luchino Visconti es todo un maestro y con una sola secuencia de cinco minutos, mi admiración hacia él seguía intacta. Ahora pasados los años, con su metraje original de cuatro horas, después de reorganizar las escenas rodadas por el maestro, en una búsqueda que ha durado años, el film se exhibe íntegro y sin problemas de metraje, ni censura... Romy al fin brilla de forma metamorfosicamente bella como la Emperatriz de Austria, se puede decir que LUÍS II DE BAVIERA, es una obra espectacular, cuidada al máximo, barroca, visualmente imposible de especificar, Viscontiana al cien por cine, dejando un sabor al cinéfilo que la contempla, de tener ante sí una de las mejores películas de todos los tiempos.
 

 

Luchino Visconti realiza en este film una especie de elogio hacia la ambigua locura, a su modo, y eso me lleva a reflexionar sobre otras versiones, especialmente poéticas, de este personaje recreado varias veces de acuerdo con sensibilidades opuestas. En principio temí que, con la edad, se hubiese enternecido Visconti y que, al hacer Ludwig, olvidando que él era el señor y no el siervo, se hubiese compadecido de sí mismo, o de sus actores, o de Luís II de Baviera; y temí que, además de compadecerlos, contra toda justicia poética y contra toda verosimilitud dialéctica, los salvara; o que tratara de salvar siquiera al joven rey, "joven y hermoso, como un dios", hubiera acabado reafirmando ese mito romántico "de pureza rebelde"..Temí, en una palabra, que Visconti hubiera cometido el mismo error que cometieron varios escritores al escribir "Luís de Baviera escucha Lohengrin", "obrando sobre él, dejándole indefenso", le hubiera conducido a terminar su película y su vida "ya no como rey, sino como siervo de tanta hermosura". Hay dos clases de romanticismo: uno, evasivo, fácil de pensar, y otro, objetivo... difícil de pensar. La película, que se encuadra como proceso al rey de Baviera, se inicia con magnificencia visual análoga a la magnificencia verbal.  A partir de dos secuencias privilegiadas como: La coronación y la audición de Lohengrin, hay instantes en que película y poema se desarrollan como dos relatos esenciales y no realistas de la vida. El esquematismo del Ludwig, se debe, de acuerdo con Nietzsche, a la voluntad de reducir a un mínimo la representación de caracteres y el refinamiento psicológico. Visconti ha evitado hábilmente "producir un efecto tan individual que el espectador no sentirá ya en modo alguno el mito, sino la poderosa verdad naturalista y la fuerza imitativa del artista". Si realismo, según dicen, es indefinite enumeration, sólo la novela, realista o no realista, es realista. Cine y poemas proporcionan, en cambio, secuencias esenciales. Y ¿qué instantánea esencial proporcionan respecto de Luís II de Baviera, escuchando Lohengrin?. Luís II de Baviera se halla donde la soledad y el sueño le ciñen su única corona.... Según Visconti, la única corona real de Luís de Baviera es la del reino de Baviera; esa es la única corona que, de hecho, es exclusivamente suya. La otra, paradójicamente, es la corona común, sin duda nobilísima, que soledad y sueño ciñen, por analogía de proporcionalidad impropia.

 

 

La singularidad pura se pasa el día en un grito. Un grito, por supuesto, insignificante, como el dolor de muelas de Luís de Baviera que, magistralmente, Visconti intercala en la narración y subraya vigorosamente, grotescamente. Frente a la deliberada belleza de la instantánea, la dura objetividad viscontiana que, mediante la fealdad de un padecimiento común, dice simplemente: "Érase una vez un joven rey homosexual a quien dolían muchísimo las muelas". Una corona, un dolor de muelas y una homosexualidad: he aquí las tres singularidades de Luís de Baviera, que Visconti subraya. ¿Cuál de esas tres singularidades era, para Luís de Baviera, la más suya?, recluido en el interior de una singularidad menos propia: la de su timidez, la de sus ensueños, la de su homosexualidad. "La melodía le ayuda a conocerse, a enamorarse de lo que él mismo es. Y para siempre en la música vive y lo que transforma al rey de Baviera, es una flor, hasta acabar su vida gobernado por lacayos. Luchino Visconti ha tenido el férrero y noble acierto de hacernos ver la simple cáscara de la locura, la falsa locura, el ambiguo aspecto de su furor heroico... o el difícil romanticismo, de su reino de locura donde la soledad aguarda...

 

Retrato minucioso de la psicología del rey y de su progresiva decadencia, en una película de cuatro horas, elegantísima, rodada con una belleza y una sensación de realidad que, a diferencia de casi cualquier folletón histórico, uno puede sentir que se está asomando realmente a la corte bávara y no a una recreación moderna de bigotes postizos, trajes de guardarropía y pelucones de ópera. La sensación de verdad es tan grande y los actores encarnan a sus personajes de forma tan convincente que, seguramente, nos decepcionaría comprobar que Luís II no tenía los andares de Berger, Wagner los gestos de Howard, Cósima la elegancia de la Mangano o Isabel de Austria con la seducción de Romy. Estoy seguro de que mejoran a los originales y que estos, desde el Más Allá, desearían borrar la Historia y suplantar su paso en el mundo por estos actores del celuloide. Tiene "Ludwig" una excelsa banda sonora, firmada casi íntegramente por Wagner, me refiero con ello a su adecuación con las imágenes y la atmósfera que les confiere, que es lo que de verdad importa en el cine: independientemente de su calidad intrínseca, las mismas notas podrían resultar del todo inapropiadas en otro contexto fílmico. Pero el comentario respecto a la bondad musical viene a cuento porqué Wagner es también un personaje en el film, y tanto él como su amante Cosima...(extraordinarios Trevor Howard y Silvana Mangano), son presentados por Visconti como seres muy poco escrupulosos que se aprovechan de la infinita fascinación del monarca hacia el compositor. Así, Visconti ejemplifica que el juicio moral negativo que le merece el artista no le impide la valoración contraria de su obra, tal como demuestra al considerar su música como la más idónea para la película. No es un tema único, ahi está Kazan y su eterno sambenito de delator y, de hecho, el propio Visconti sufrió en sus carnes la incapacidad intelectual de muchos críticos para hacer tal distinción, cuando con motivo de rodar su última película, "El inocente" no le perdonaron que adaptara al fascista D’Annunzio.

Un aspecto clave de la película es la distancia adecuada con la que el director retrata a Ludwig y ahí cabe aplaudir a Helmut Berger, actor usualmente denostado pero que para mí ejecuta el papel de su vida, atendiendo a los complejos matices de su personalidad. No son dejadas de lado las actitudes más excéntricas y el conde Dürkheim actúa como una especie de conciencia que le recuerda sus deberes de soberano y le echa en cara el elitismo aristocrático en su búsqueda de la belleza absoluta; pero, al mismo tiempo, subyace una íntima adhesión con la total sinceridad emocional del rey, que nos convoca a la empatía y la piedad ante su decadencia y tormento interior. La original construcción del film, con los episodios presentados por primeros planos de los personajes de su entorno mirando a cámara, contribuye a ese efecto de "juicio inquisitorial", además de quedar en evidencia que su obsesión para incapacitar al rey responde más a la recuperación de su propio poder político que una preocupación por el bien del país. Disfrutamos de una perfecta Romy Schneider y suyos son algunos de los momentos más intensos de una obra visualmente esplendorosa, que, en su culto a lo nocturno, se transmuta en una vibrante elegía preñada de Romanticismo, la Emperatriz de Austria y el Rey Luis II de Baviera estaban locamente enamorados el uno del otro, pero la corte, los prejuicios y las obligaciones reales, pudieron mas que ese amor tan autentico..

 

Un apunte personal: Martin Scorsese era admirador de Visconti y no sé si hubo algún tipo de conexión, pero lo cierto es que "El aviador" siempre me remite a "Ludwig". Hay enormes paralelismos entre ambas películas: narran la vida de dos personajes reales, materialmente muy poderosos pero emocionalmente frágiles, con una primera parte que muestra su período de esplendor, y una segunda dónde caen en desgracia y se aíslan completamente del mundo exterior, abandonándose a la decrepitud física en compañía de sus fantasmas...Una coincidencia que solo Scorsese supo cuando rodaba El Aviador. El reinado de Luís II de Baviera es uno de los capítulos históricos más interesantes y controvertidos de la Historia. Visconti inicia, en esta ocasión, una auténtica investigación sobre el personaje. Magnífica ambientación en los castillos construidos por el monarca, uno de los más fértiles reyes-arquitecto, como Linderhof o el conocido Neuschwanstein. Excelente interpretación de los actores y las caracterizaciones, especialmente las de Helmut Berger y Romy Schneider, figuras emblemáticas del cine de Visconti y donde danzan libremente al compás de la batuta de uno de los mas grandes cineastas de la historia del cine. El neorrealismo viscontiniano se centra, en este caso, en el análisis del esplendor y decadencia del gobierno del monarca, incorporando aspectos de su vida íntima que, hasta el momento, no habían sido tratados en el cine, como la relación con su prima, con el músico Wagner y con sus servidores.

 

Muchas veces, la calidad de un encuentro dista mucho del tiempo que este dure, del lugar donde se de, de lo bien que a uno le atiendan o de lo mucho que esté lloviendo. Visconti, decorador universal, ponía tanto esfuerzo operístico, imprimía tanto sudor minucioso que luego era incapaz de usar las tijeras de podar. Creaba el jardín frondoso, lleno de enormes árboles frutales, setos de diversas formas y flores silvestres. Cuando giraba sobre sí mismo, se daba cuenta que tanta vegetación le impedía regresar a casa. Y aunque una tormenta se desatara y un ciclón le quisiera llevar a los Infiernos, no concebía crear un camino y podar un poco su frondoso parque... prefería eso sí, ahogarse entre la maleza. Siempre añoró una muerte hermosa a una vida sencilla. Si te pillaba en medio, era fácil acabar también ahogado, sin siquiera ver el sol entre tanta frondosidad. Visconti creó un cine crepuscular, y automáticamente pensamos en Peckinpah. Y nos da lo mismo que en nuestra vida hayamos subido a un caballo, que en España jamás existiera el Oeste y que nunca por la calle hayamos visto a un hombre con espuelas y sombrero de ala ancha. El Crepúsculo europeo...es sólo terreno de Luchino Visconti. Barroco, excesivo y a veces frío. Siempre rodeado de belleza. Con Visconti casi no existe intensidad y ese es su mayor problema. Es cine para los amantes de la belleza, para los buscadores de la misma, como es todo el cine de Visconti. A veces solemos confundir la forma de contar una historia pausada con una técnica estética. Me imagino que será el máximo artífice de un cine estático donde la cámara abre el espacio. Es quizá el vértice opuesto a Visconti. La cámara de Visconti pesa el doble, es rígida, siempre la tenemos presente. Y no es un error de Visconti. Él la quería así. Podemos decir que dormía con ella. Y si te gusta genial... Porque a esto se le llama ""GRAN CINE"". 

 

 

LUCHINO EN PLENO RODAJE

 

 

Tomó como un héroe a Ludwig II de Baviera, el rey loco, que además de construir por mal de amores un gran número de castillos en los que ordenó que nadie habitara, fue gran mecenas de Richard Wagner y, defendiéndole de los ataques de la crítica, le animó y subvencionó sus obras. Ya sólo porque el castillo de Neuschwanstein inspiraría a Disney, y porque autores de bandas sonoras como Bernand Herrman, John Williams y Miklos Rozsa sinfonizaron la épica y el romanticismo cinematográfico con arreglos sobre la obra de Wagner, creía que la deuda de cualquier cinéfilo hacía el pobre rey Ludwig era impagable. De “La caída de los dioses” apuntó que pese a esos zooms, la película le había conmovido profundamente... y pienso que así fue, porque derramó lágrimas en la penúltima escena de Martin y por el desdichado Gunther . Visconti tenia la sensibilidad de fijarse en esa historia en particular y contarla, adaptando a Shakespeare que es adaptar la vida. No me cansaré de ver esta película, por muchas que sean sus cuatro horas. Siempre la recomiendo.... Sólo con ver a Helmut Berger encumbrando la profesión de actor vale la pena. No estuvo loco, de eso estoy seguro, sólo nos muestra a una persona que amaba más la cultura y que quería difundirla por encima de cualquier cosa. Y, claro está, no le gustaba ser rey, pero gastaba el dinero de los contribuyentes bávaros en construir castillos y en complacer a un ingrato Wagner.. Romy Schneider hace el papel de su vida, y unida por la enorme fuerza de Helmut, forman una parte de un todo que resulta sublime ante los ojos del espectador. Decorados, vestuario, datos históricos... perfectos, adaptados a la realidad de la Baviera del siglo XIX, a las puertas de la Unificación Alemana.  Os la recomiendo. Valen la pena las cuatro horas de obra maestra.

 

LUCHINO VISCONTI HABLA SOBRE LUÍS II DE BAVIERA:

 

-" Terminé enfermo al concluir el rodaje, fué excesivo para mis años, pero controlé la belleza en un vaso de cristal de bohemia, y con la fuerza de Helmut y la ternura y asombrosa belleza de Romy, creo haber conseguido lo que me propuse, una película que refleja todo mi amor por el arte"-

 

 

 

La última etapa de su producción me fascina, aun en sus menos alabados títulos como "Confidencias", una película que a mi me parece válida totalmente. Por muy flojo que pueda ser considerado el guión de algunas escenas o las actuaciones, o que abunden los muy criticados por muchos puntos muertos, o que para los más "entendidos" sus últimos filmes sean los más oscuros y menos relevantes de su producción, yo no sé que tienen que me enganchan y me dejan petrificado, para mi personalmente es como Dios. En "Ludwig" se puede ver al Visconti más excesivo, solemne y confiado en su calidad como autor. Antes he dicho que no sé que tienen estas películas, pero en realidad sí lo sé: ¡ESTILO! Cuidadísimos planos rodados en formatos anchos, primeros planos, panorámicas de enorme belleza, divismo, histrionismo, buena ambientación y excelente diseño de vestuario así como localizaciones... Para los que no disfrutaron con otras como "Muerte en Venecia" o "La caída de los dioses", sus predecesoras, evidentemente ésta no es su película, pero para los que sí lo hicieron y las admiraron, ¡que la vean, que la vean, aunque solo sea para formarse una opinión!. ¡Me gustan las películas de Visconti con desnudos... ¡Me gusta creer que Helmut Berger puede ser un buen actor! ¡Me gusta esta apología del cine de autor en forma de ostentación y lujo, de pasión homosexual y decadencia, de deterioro físico y mental....y los gritos de götterdammerung y Wagner! ¡ Viva Luchino y viva su estilo y obsesiones!...Todo esta permitido si eres como Dios.

 

FRASES DE HELMUT BERGER:

 

-" Llegué a estar tan obsesionado con Ludwig que no podía dormir. Me ponía antes que amaneciera frente a un espejo y ensayaba los diálogos. Cuando se levantaba Luchino me hacía repetirlos hasta la saciedad, era todo un domador, no me dejaba ni respirar, exigía lo máximo de sus actores, y yo en esos momentos me sentía privilegiado por una parte, pero agotado tanto física como psíquicamente. Ludwig era todo un reto para mi carrera y no estaba dispuesto a escurrirme. Creo que conseguí crear un Luís II dentro del mas puro estilo viscontiano, y eso era ya mucho para mi como persona y como actor "-.


-" Alain Delon quería estar al lado de Luchino.... Hizo lo indecible por quitarme el papel de Luis II, pero no lo consiguió...Me tiré a Delon y también a su esposa Nathalie, debo decir para ser sincero que me gustó mas ella, Alain era una especie de rival, pero mi repulsa hacia él puede que venga de todo el daño que le hizo a Romy.... "-

 

-" Tengo 32 años y soy viudo”. (Así hablo Berger el día en que murió Visconti en 1976). Doce años antes, le conocí en la ciudad de Perugia y sería el amor de su vida. “Él estaba fascinado conmigo y yo no tenía clara mi sexualidad; me negaba a ser otro chico guapo que caía rendido en sus brazos. Pero he de decir que con él todo era mágico”, Visconti supo ver en mi algo más que a un boy de aquella época: Colaboré en cuatro películas suyas, vivimos juntos en Roma durante más de una década y se preocupó de mi educación hasta el momento de su muerte. Gracias a él conocí a lo más granado de aquellos años: Dalí, Maria Callas, Grace Kelly… Sin duda era todo un maestro, aún hoy le sigo echando de menos "-

 

 

 

El cura Hoffmann bendecía a Ludwig II de Baviera, el nuevo gobernante que, a los 18 años, tomaba las riendas de un gran país. Estamos en 1864 y el país entero disfruta de la apoteósica y romántica música de Richard Wagner, por la cual el nuevo gobernante siente una pasión indescriptible. Por esta razón, su primera tarea será invitar al compositor a que regrese a vivir a su país, y entre ésta experiencia, que le costará un serio dolor de cabeza por el oportunismo del artista  y su amor  correspondido y una gran amistad, por parte de su prima la Emperatriz Elisabeth de Austria, comienza la historia de quien, muy acertadamente, ha sido definido por los historiadores como un rey de cuento de hadas. Ludwig era pacifista, poeta, sensible al arte y a la belleza, se sentía uno con la naturaleza, y sabía que “el mayor regalo que se le puede hacer al pueblo es enriquecer su espíritu”. Por eso, permaneció, casi siempre, tan distante de las maquinaciones y de los afanes de usurpación que se cernían dentro de su reino. Luchino Visconti creó un filme pletórico de interioridad, donde apenas soslaya los conflictos externos que enfrenta el gobernante y prefiere centrarse, con honda eficacia, en las pesadumbres internas de un hombre que, con algunos excesos, lucha por los valores que dan real sentido a la vida. La composición escénica es cuidada hasta el último detalle y hay plena interrelación entre la luz, la posición de cámara y la acción que asume cada personaje. Véase un par de ejemplos: En una estancia con una luz tenue, donde Sophie está en segundo plano tras el rey, éste le regala un ramo de flores a su amada Elisabeth y ella, delante de él, las entrega a su hermana, en un gesto sutil de trasladar el amor. Después, Wagner lee una misiva del rey donde concluye: “…Hasta la muerte, vuestro fiel amigo, Ludwig”. En ese momento, se inserta un primer plano del perro del compositor, jadeante, y en un efectivo claroscuro.

A pesar del trago tan amargo que supuso ver recortada la película por la que tanto había luchado...(en parte fue responsable su enfermedad), Visconti no se rinde y piensa ya en siguientes proyectos. A finales de noviembre regresa a Roma. Vende su casa de Via Salaria, con esas enormes estancias que ya no podrá recorrer y esas escaleras que ya no podrá subir, y se traslada a un apartamento más pequeño en Via Fleming. Los muebles y otros objetos de su anterior mansión irán a una villa de Castelgandolfo, donde parte será pasto de un robo. El 18 de enero de 1973 se estrena por fin Ludwig en Bonn, casi un año después del comienzo de su rodaje, con un enorme éxito a pesar de su recortada visión. Todas las criticas coincidieron en que Helmut Berger resulta muy ajustado como el rey Ludwig, irradiando esa fragilidad y sensibilidad que caracterizó al gobernante... Romy Schneider aparece esplendorosa como la emperatriz Elizabeth, aflorando una firmeza y un encanto irresistibles. ¡Cualquiera se vuelve loco teniendo el poder y no conseguir alcanzar su amor!.

El guión contiene largos y eficaces diálogos, los rasgos psicológicos del rey son claramente definidos, y de palmo a palmo, el filme transcurre apasionado e insultante del mártir Ludwig, logrando Visconti exorcizar aquí muchos de sus fantasmas, angustias y miedos, pues, con pocos como Ludwig, consiguió sentirse tan hondamente identificado. La película es exquisita, detallista y brillante. Se trata de un retrato de una mente frágil y extremadamente sensible. Destaca el hecho de que no se posiciona ni en la crítica virulenta hacia dicha imagen ni en la ovación a su suntuosidad. La película es en todo punto neutral, y vemos desfilar a varios personajes que se posicionan de manera muy diferente ante las decisiones del excéntrico rey. Es igualmente el reflejo de la decadencia de la monarquía, llevada al terreno más de la ostentación que del propio mandato. El rey se ve aquí como un simple humano, con una exacerbada sensibilidad hacia el arte y un profundo romanticismo fatídico. Realmente no es malvado ni benévolo ni loco ni cuerdo, sino alguien que no ha recibido la suficiente atención humana en medio de la suntuosidad, y que es proclive a caer en sus vicios como cualquier otro. La ambientación y la fotografía son más que magistrales. Los detalles llenan nuestra atención...Vestidos suntuosos, miradas pícaras y elegantes, maquillaje marcado, riqueza ornamental  y unas interpretaciones soberbias. A nivel técnico es irreprochable y posee una gran maestría a la hora de hacernos sentir. Visconti nos regala en este film todas sus virtudes con todos sus defectos, nos intenta retratar a un personaje que parece hecho a la medida del genial realizador lombardo, un aristócrata amanerado, centroeuropeo, más preocupado por la belleza del arte que por las intrigas palaciegas y políticas, en el escenario de un mundo decadente, Ludwig era considerado la encarnación de un Príncipe Azul. La cinta posee una puesta en escena propia del realizador milanés, es decir, bebe del estilo operístico, es como un extenso espectáculo de opera donde el ritmo narrativo resulta luminoso. Más de cuatro horas.... y lo vuelvo a repetir: La belleza visual, la elegancia, la fotografía, la banda sonora, el vestuario o los decorados resultan soberbios, estos elementos Luchino los domina como el gran sibarita que es de la dirección y la narrativa cinematográfica.

 

 

 

FRASES DE ROMY SCHNEIDER

 

-" Cuando finalicé la trilogía de Sissi, la productora me ofrecieron un cheque en blanco, para hacer la cuarta entrega. Yo no estaba dispuesta a encasillarme, y tenia ofertas de grandes directores como Claude Chabrol, Claude Sautet, Michel Deville y otros. No fué hasta años después cuando mi amigo Luchino Visconti me llamó a su residencia para ofrecerme el papel de la prima de Luís II de Baviera, al lado de Helmut y volver a interpretar a la Emperatriz de Austria tal y como fué en realidad, al principio dudé, pero fueron unos minutos, y le dije un rotundo.. !!SI!!...Creo que nada en mi vida lo he decidido con tanta seguridad. Luchino iba a crear un alma de mujer enamorada de su primo, saltándose todos los protocolos censurables establecidos de la realeza de aquellos años... Cuando ví del film, no daba crédito, estaba entusiasmada y agradecida, He hecho muchas películas y muy buenas, pero Luís II es lo mejor que se puede ver de toda mi filmografía. Fué un regalo que recordaré siempre. Visconti supo crear una autentica opera cinematográfica para el mundo....y según las criticas...la película es toda una obra de culto, que espero que cuando pasen los años, se convierta en una obra maestra del cine"-

 

Ludwig como casi la totalidad de los films de Visconti es una obra de arte. Ambientación, fotografía, música, la actuación de Helmut Berger como Ludwig- son magníficas, pero he notado más allá de su discurrir pausado, escenas que se despegan, y que podrían haberse dotado al film de mayor ritmo. Por ejemplo, la visita de la emperatriz Sissi a los tres palacios levantados por Luis, tienen el aire de un documental de arte, para dejar pasmados a los turistas con el lujo desplegado en ellos. Las escenas en el lago subterráneo con la barca-cisne, -Ludwig además de ser el rey de Baviera fue un absoluto rey egocéntrico. En cuatro horas parece que sabemos mucho de Ludwig, pero nunca podremos comprender su enigma -¿homosexualidad, narcisismo, huída de la realidad, paranoia?, guarda su secreto hasta el final; en eso veo la prueba de la maestría de Visconti, no saca conclusiones, queda siempre ese núcleo de misterio que encierra toda vida humana. A un maduro Visconti le atraía recrear ciertos ambientes y recrearse en ellos. Con harta frecuencia estos ambientes se asocian con la decadencia, lo que no pasa de ser una  exculpación de ese pecado para nuestra época. Quizá Visconti no refleja decadencia sino exuberancia. Pero es lo que le atrae a Visconti y lo presenta muy bien. Baviera en los momentos del reinado de Luis II muestra ese mundo y Visconti se sumerge en él gustosamente. Pero a Visconti no le basta el marco y precisa el personaje que se encuadre perfectamente en él. En este caso es Luis II de Baviera, una personalidad extraña cuyos perfiles distan de estar perfectamente definidos y siguen siendo discutidos pero que, en todo caso, poseen ese grado de indefinición que permite su perfecta inserción en el ambiente. Una ambigüedad a la que sirve perfectamente Helmut Berger. En los films siempre se tiene la sensación de que más que la película se critica el correcto reflejo del personaje cuya historia se nos presenta. Pero lo cierto es que esto último es un condicionante básico de la película y si ésta se confiesa y es fiel a la realidad. Visconti es fiel a la imagen de Luis II de Baviera; transmite las contradicciones y las dudas que aun existen sobre su vida, comenzando por la que afecta a su muerte por suicidio o por asesinato. Sucede, sin embargo, que se trata de un personaje terriblemente difícil y complejo. Se abordan problemas como su amistad con Wagner, sus deficiencias como gobernante, su carácter caprichoso, sus problemas sexuales, o su peculiar pacifismo. Se acusa a la película de ser larga, una doble y peculiar acusación. Pero la duración es fruto de la complejidad de la historia contada y, a la vez, fruto de la morosidad que debe existir en determinados momentos para permitir la comprensión del personaje. Habría que preguntarse si hubiera sido posible acortarla sin perderse el sentido de la historia contada.

La película derrocha preocupación estética. Y lo hace con éxito en la mayor parte de las ocasiones. Dejando a Visconti a un lado, los protagonistas llevan a cabo grandes interpretaciones. Helmut Berger refleja perfectamente las distintas etapas de Luis II, desde el joven coronado al monarca acosado, pasando por el gobernante desnortado. Romy Schneider ofrece la imagen de una Sissi poderosa e influyente. Trevor Howard nos ofrece un Wagner verosímil y natural. Todos los demás intérpretes cubren perfectamente sus papeles. La película cubre muchos frentes aunque haciéndolo de manera sutil. Por ejemplo: parece que Luis II de Baviera se bebía diariamente dos o tres botellas de champán. Y puede comprobarse cómo, en la película, las copas de champán aparecen de manera constante y discreta, sin alusión especial a esa dependencia. Como hay insinuaciones a su presunta homosexualidad, pero no un pasaje explícito que lo evidencie, como actualmente se lleva a uso; parece que Visconti consideraba al espectador alguien inteligente. Al hilo de lo anterior: el consumo habitual de una bebida como el champán, alcohólica y carbónica, puede explicar cefaleas y destrucción de la dentadura si se retiene en la boca.

 

 

 

Me resulta bastante difícil de calificar esta película si enfoco la opinión considerando el punto de vista del director sobre la homosexualidad del personaje, el rey Luís II de Baviera, llamado también “El rey loco”. No hay duda de que Visconti quiere dejarnos claro que Luís II era homosexual, y un homosexual reprimido debido a su catolicismo y a su condición de soberano de un pueblo. Entonces, desviar la atracción del espectador hacia las dudas y obsesiones del rey acerca de la felicidad, la libertad, la belleza, y otras disquisiciones reales sobre aspectos filosóficos de la vida, puede ser una forma de imponer la estética del director a la realidad del personaje. No vemos ninguna muestra de afecto del pueblo bávaro hacia su rey, cuando los personajes, en general, nos lo dan a entender. No acabo de aceptar que tratando de la vida de Luís II en todo su reinado, no aparezca su actividad de gobernante. Tengo muchas dudas en cuanto al contenido de la película que no tengo en cuanto a la formalidad cinematográfica de la misma. Visconti, gran amante de la ópera, ha querido llevar a la pantalla el reinado de Luís II como una de las óperas de Wagner, y no duda en utilizar todo el tiempo que considera necesario para exponer este espectáculo, aunque dudo que sea el tiempo adecuado para el espectador de una película en una sala de proyección. La ambientación es perfecta y sabe crear todo tipo de ambiente utilizando cortinas, lámparas, muebles y un sinfín de objetos que le dan el decorado adecuado. La música está perfectamente elegida,  la música de Wagner suena durante cerca de las cuatro horas que dura.

 Si tuviera que resumirla diría que es una gran obra maestra, un enorme espectáculo visual y toda una lección de cine, como nos tiene acostumbrado Luchino Visconti..

 

PREMIOS OBTENIDOS

 

Dos premios David di Donatello en 1973: al mejor director y a la mejor película

Premio Especial David al mejor actor: Helmut Berger.

Dos premios Nastro d'argento del Sindacato Nazionale Giornalisti Cinematográfica Italiani (SNGCI) en 1974: a la mejor fotografía y a la mejor escenografía.

Romy Schneider ganó el premio Sant Jordi de 1982 a la mejor interpretación en película extranjera.

 

 

!!! QUE GRANDE ES SU CINE MAESTRO VISCONTI.....QUE GRANDE !!!