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LA LOBA

 

- " Detengamos a las lobas, a todas las alimañas que estropean las vides, porque en nuestras vides han madurado las uvas." -.









Argumento:



Al necesitar 75.000 dólares para comprar una participación en una empresa que, según aseguran sus hermanos, ganará millones, Regina Giddens envía a su hija Alexandra a Baltimore para que traiga a su esposa Horace, que se ha estado recuperando de un ataque al corazón en un sanatorio. Ya en casa, Regina atormenta a Horace, pero él mantiene firme su negativa de financiar a los hermanos Ben y Oscar. Al no poder conseguir Regina el dinero de Horace, su sobrino Leo, empleado en el banco de Horace, roba de la caja fuerte suficientes bonos negociables como para asegurar la financiación de la maquinaria para el algodón. sospechando el robo, Regina trata de chantajear a Ben y a Oscar para que le entreguen una parte del negocio, pero Horace le desbarata el plan al asegurar que él mismo entregó los valores a Leo.

 


Conseguir plasmar en la pantalla, la magnífica obra de Lillian Helman "The little foxes" representada con gran éxito por una actriz especializada en papeles de mujer dura, la inconmensurable y poco recordada Tallulah Bankhead, requería de un director de talento y grandes dotes en la dirección de actores, y es aquí donde aparece William Wyler director entre muchas de grandes películas: La Calumnia, Horizontes de Grandeza, Los mejores años de nuestra vida, La Heredera....Evidentemente tenía que contar con la colaboración de una actriz, de unas características especiales, y realmente Bette Davis cumplía todos los requisitos para ello. Wyler reunió además a la mayoría de actores que ya habían representado la obra en Broadway, salvo Teresa Wright, Richard Carlson, Jessie Grayson y el gran actor Herbert Marshall. Willliam Wyler le pidió a Lillian Hellman que versionara su obra para la pantalla grande, y ésta con la colaboración de media docena de escritores agrupados en torno de la legendaria Dorothy Parker, consiguieron una obra perfecta. Si le sumamos además la excelente fotografía de Gregg Toland y la música de Meredith Wilson, solamente faltaba la extraordinaria actuación de Bette Davis, a la que podemos recriminar sus caprichos, pero jamás podremos censurar su trabajo cinematográfico, fue una Diva. En definitiva, grandiosa película sobre las ambiciones humanas, que pone al descubierto mezquinas luchas entre hermanos, la ambición despiadada de una mujer que odia a su esposo, hasta extremos insospechados. Un film que retrata a la perfección, la envidia, la soberbia, la avaricia y la codicia, en un mundo que por suerte no todos ellos están embrutecidos. Todos los actores merecen mención aparte, Teresa Wright, la dulce hija, totalmente ignorante de las maquiavélicas intenciones de su madre, Richard Carlson, el joven periodista pobre, pero honrado amante de Alexandra desde la infancia, Dan Duryea, el joven vividor y estúpido, hasta el punto que su madre teme el daño que pueda causar a los demás, Patricia Collinge, como Birdie, que olvida el presente ahogándolo en el alcohol, Charles Dingle, ambicioso como su hermana Regina, y que siempre sabe esperar el momento. Jessie Grayson, la criada de color, que conoce a la perfección a los Hubbard y que sabe de sus grandes defectos y el gran trabajo de un inmenso actor como Herbert Marshall, que tampoco ha tenido el reconocimiento que debía, en el papel de Horace Giddens, un ser que sabe que va a morir, y que no cede ante la despiadada ambición de su mujer aunque en ello le vaya la vida..

Quiero destacar la magnífica escena bajo los pórticos de la gran mansión, donde se encuentran David, Alexandra, Horace, Birdie y Addie. Birdie, expone claramente como son su esposo Oscar Hubbard y su hijo Leo, porqué se casó con Oscar, a la que tiene totalmente en el olvido, aunque ella siempre tiene en su memoria su querido origen, ella adora a Alexandra hasta el punto de pedirle que no se case su hijo Leo. Addie comenta como han actuado siempre la familia Hubbard, aprovechándose de los de su clase y excediéndose con ellos, y Horace haciendo mención a la Biblia comenta: "dice el Señor, matad a la loba que se come nuestras vides, y nos roba nuestros racimos de uva"... Alexandra aturdida ante semejantes confesiones le pregunta a David, que es lo que debe hacer, y este le contesta que ella misma llegará el momento en que se dará cuenta de todo....Y lógicamente la escena cumbre del film, cuando Horace después de una discusión con Regina, le pide el frasco medicinal que tiene arriba en su habitación, y ésta ni se inmuta...mientras la cámara recoge la cara y los ojos expresivos de Bette Davis... hasta que Horace al llegar a la escalera cae fulminado por un ataque al corazón, es entonces cuando ella pide ayuda a Addie.


 

 


Este es el tercer encuentro de Wyler con Bette, tras “Jezabel” y “La Carta”. La genialidad de ambos tiene unas alturas prodigiosas que hacen de esta película la más fascinante y severa de estas colaboraciones tan fructíferas que tuvieron, y, sin duda, una de las mejores películas de todos los tiempos. Como hizo con “La Carta”, Wyler volvió a contar con Herbert Marshall y Bette Davis para llevar a la pantalla la obra teatral de Lillian Hellman. La historia gira en torno a la avaricia de un trío de hermanos para lograr emprender un negocio para el que necesitarán el apoyo económico del moribundo marido de Bette. Sobre esta premisa, Wyler teje uno de sus prodigiosos melodramas, mostrando una inspiración tan grande que nos deja sobrecogidos ante la voracidad que pasea por sus fotogramas. No hay buenos y malos; hay malos y víctimas. El gran acierto de esta película, no es su historia, en sí no es más que otro de los combates del bien contra el mal, casi una parábola pues los personajes son tan completos y densos que funcionan como arquetipos, sino por el lujazo de las actuaciones que nos ofrecen. Así, la planificación de Wyler no toma como referencia la historia, sino la actuación de los personajes, en ocasiones nos hurta los primeros planos para que imaginemos la expresión, la maldad del actor/actriz; y no hay duda que para eso contaba con actores excepcionales. En el lado luminoso: H. Marshal, Teresa Wright, Patricia Collinge. El primero, moribundo, quizá en otros tiempos también lobo de esa manada, pero que en este presente intenta morir de un modo en el que el “mundo no vaya a peor”; Teresa es la inocencia, el calor del amor, la flor que ha nacido en medio del estiércol; por último. P. Collinge es un retrato avanzado en el tiempo de Teresa, una mujer que ahoga su tiempo en alcohol pues está tan herida que de otro modo le es imposible vivir. Pero “La Loba” es sobre todo B. Davis. Es la maldad despiadada. Nunca los ojos de Bette fueron más mortíferos. Su rostro es una máscara, un maquillaje maravilloso, que por un lado sirve para enmascarar esa juventud que ya se fue de la protagonista y por otro para caracterizarla, de un hieratismo feroz, sin escrúpulos. Los duelos que mantiene con H. Marshall son sanguinarios. La maravillosa secuencia del ataque al corazón, como dije anteriormente, llega al clímax centrada exclusivamente en un primer plano, fabuloso trabajo de G. Toland, dándonos escalofríos pues nunca la maldad se mostró tan desnuda y atroz. Los diálogos son de los que te hielan la sangre para quedarse grabados en la memoria:...“No te odio; solamente te desprecio”.... En una palabra, cada uno de los aspectos hacen de este film, una gran película, y aquí están multiplicados por la genialidad de un modo de hacer cine que ya no veremos. La Loba tiene la altura no de un gran película, sino de una obra de arte.

Si hubo alguna vez en Hollywood una actriz capaz de bordar, como nunca antes lo había hecho nadie, los papeles de malvada ésa fue, indiscutiblemente, Bette Davis. Quizás por esta sencilla razón no me imagino a ninguna otra actriz de este planeta interpretando a la Regina Giddens. Posiblemente, la mujer más detestable e inmunda que nunca jamás tendréis ocasión de ver en una gran pantalla. Quisiera matizar, sin embargo, que cuando me refiero a Regina con tan peyorativos vocablos lo hago simplemente porque las connotaciones semánticas del título original (“The little foxes”) me parecen mucho más apropiadas que las de su título en castellano, pero no porque el personaje interpretado por la Davis tenga nada que ver con una mujer de vida alegre y disoluta. Ni mucho menos. De hecho, Regina Giddens simboliza, en realidad, a la típica reprimida sexual. Una mujer incapaz de dejarse llevar por ningún tipo de pasión amorosa o carnal y que destila tanta sensualidad como un témpano de hielo. Así pues, si Regina me parece una puta de mucho cuidado es porque, en definitiva, representa a la clásica arpía codiciosa, maquiavélica, pérfida, artera e infame que tantas veces hemos visto. Pero si “La loba” es un peliculón de los que ya no se estilan es porque detrás de esa portentosa interpretación hay mucho más. Y aunque lo que voy a destacar es, sin lugar a dudas, una obviedad, creo que nunca estará de más reiterar la extraordinaria labor del operador Gregg Toland y, sobre todo, la de William Wyler. Un cineasta al que siempre que se le reprochaba su falta de estilo, pues señores aquí responde con una obra maestra. Es un sólido y fascinante melodrama, un trabajo acreditado. Escribe el guión Lillian Hellman en colaboración con su exmarido Arthur Kober, su amiga Dorothy Parker y el marido de ésta, Alan Campbell. Adapta la obra de teatro “The Little Foxes” en el año 1939, y la misma Lillian Hellman, la estrena con éxito en Broadway. La película se rodó en el sur de California y en los platós de United Artists Studios. El film es nominado a 9 Oscar. Producido por Samuel Goldwyn para Samuel Goldwyn Company/RKO, y su estreno fué el 21-VIII-1941, en la ciudad de Nueva York.


 


La película marca la tercera y última colaboración profesional del realizador William Wyler y la actriz Bette Davis, antiguos amantes, tras varios meses de ruptura y alejamiento. Las dos colaboraciones anteriores: “Jezabel” y “La carta”, se habían saldado con éxitos multitudinarios. Además, Davis era la actriz mejor dotada para asumir el papel de la malévola, orgullosa, dominante y reprimida Regina. El film realiza una interesante exploración que indaga cómo, hasta qué punto, en qué medida y con qué consecuencias, el afán de ganar dinero y las ansias de acumular capital y poder pueden superar en ciertos casos las tendencias naturales del apetito carnal, el deseo sexual y el amor de pareja. Para competir con los hombres en el mundo de los negocios, una mujer puede creer erróneamente que debe reprimir su sexualidad o, incluso, yendo más lejos, puede creer que ha de destruirla, ahogarla, arruinarla y extinguirla. Es más, puede llegar a creer que la dedicación a los negocios impone el sacrificio y la destrucción del amor de pareja y de todo tipo de relación amorosa. Las conductas basadas en consideraciones como los expuestos suelen derivan hacia la violencia, el abuso de poder, la amargura personal, actitudes intolerantes y afanes desmedidos de dominación. La Loba se sirve de elementos visuales y sonoros para acentuar y matizar el tono trágico de la acción. La lluvia persistente, los encuadres de balaustradas, la relevancia de las zonas oscuras, los planos torcidos, las imágenes inquietantes y las acciones improcedentes e irritantes. La obra ilustra el ocaso de la aristocracia terrateniente del Sur y la emergencia de la burguesía industrial. La historia, sencilla y trágica, se envuelve en una atmósfera malévola. La intensidad dramática alcanza cotas impresionantes. La música, de Meredith Willson, aporta una partitura breve y sobria, de carácter descriptivo y ambiental, a la que añade gratos fragmentos para piano de Schubert. La fotografía, presenta negros sólidos, luces intensas, proyecciones de sombras y planos picados, inclinados y contrapicados, de gran expresividad. Destaca la admirable profundidad de campo de la fotografía... Quiero comentaros la impresión que, a mi como critico de cine y gigantesco cinéfilo, me causó cuando la ví hace años....La he visionado mas veces, y ya tenía a Bette en ese lugar donde moran mis musas. Ahora la recuerdo con amor, ternura y admiración, porque como se ha escrito sobre ella, es una de las actrices mas completas de cuantas han pasado por el extenso y multicolor sendero que conduce al Séptimo arte.



 

 



Quiero felicitar a todas las actrices que interpretaron en teatro LA LOBA, pero especialmente a Elizabeth Taylor, que recreó su Regina de "The Little Foxes", y la llevó a las ciudades de Londres y Nueva York , Obtuvo el premio Tony y las criticas le fueron muy favorables en todos los sentidos, Regina por Liz, no era la Regina de Bette Davis, pero le dió al personaje elegancia, seguridad y otra imagen, sus registros de codicia, maldad y avaricia estuvieron siempre presentes en todas las representaciones y la misma Bette que fue a Broadway, la felicitó por su interpretación. Eso dice mucho a favor de nuestra Reina del Nilo.

 



Me pareció notable desde su planteamiento donde se exponen muchas de las miserias humanas que van de la mano de la ambición voraz y del interés económico por sobre el amor. La avaricia hace perder la cabeza a un grupo de hermanos que no tendrán límites hasta conseguir sus objetivos a cualquier precio sin importar la ética ni los escrúpulos, aquí no hay parentescos que valgan, se especula con hacerse ricos perjudicando a gente pobre o a cualquiera que se interponga en el camino. El dinero nubla la razón de los humanos hasta el punto de convertirse en carroñeros desalmados. En ello la exposición es perfecta y creíble de principio a fin. Maravillosa Bette Davis en su papel de despiadada esposa que sólo espera ver morir a su marido para beneficiarse económicamente, quien se ha casado por interés y quien ha fingido todo el tiempo amar a su esposo cuando en realidad lo detesta. ¡Qué bien le salen estos papeles a la actriz!... sin duda alguna es su actuación de las mejores que he visto. Sobradas pruebas que para ser una perfecta villana que se gane la antipatía del público sólo le basta algunas gesticulaciones, diálogos punzantes y su mirada penetrante y gélida, con ello ya dice todo. LA LOBA es un filme que expone en forma flagrante lo que el ser humano es capaz de hacer por dinero. Una propuesta cruda y despiadada que deja atónitos por la ausencia de valores morales y cualquier sensibilidad, sólo existe en las secuencias de la relación entre padre e hija. 9 nominaciones al Oscar rubrican lo afirmado anteriormente. Extraordinaria película de William Wyller que consolida con ella no solo un equipo de producción, sino la relación artística entre éste y Bette Davis, después de haber protagonizado Jezabel y La carta. En este caso, el estupendo guión de Lillian Helmann estaba inspirado en su propia obra teatral “The little foxes”, de enorme éxito en Broadway. De hecho, el reparto estaba lleno de actores y actrices que habían encarnado papeles significativos en la versión escénica. El texto es una maravilla. Se sustenta en unos personajes de honda significación sicológica, arquetipos, a su vez, tanto de la ambición desmedida, como de la generosidad y la tolerancia. Ni el guionista ni el director podían imaginarse que estaban creando el precedente y la referencia de series televisivas posteriores cuyos protagonistas eran miembros de familias adineradas que todavía querían tener más dinero. Mucho menos de lo que la realidad de comienzos de este siglo nos ha hecho conocer como los grandes culpables de una crisis económica contra la que todos los gobiernos del mundo luchan con todas sus fuerzas. Personas sin escrúpulos, capitalistas que han llevado a la quiebra a sus propias empresas y a sus propios bancos por excederse en sus pretensiones de enriquecimiento...La factura formal de la película es extraordinaria, la tensión se percibe en el ambiente. Las miradas, los encuadres, la gestualidad de los actores componen un puzzle lleno de belleza y perfección. Una vez más, Bette Davis está soberbia. No es nada fácil su personaje, un personaje que ella, por cierto, rechazó en un primer momento. Pero en él aplica todo su talento interpretativo y su experiencia, toda su capacidad para transformarse, para ser brutal y persuasiva a la vez. Wyller la dirige como nadie y extrae de ella lo mejor de sí misma, algo que reconoció al final de su carrera. Su trabajo le valió para ser nuevamente nominada al Oscar. Teresa Wright, en el papel de hija inconformista y lúcida, también fue nominada con todo merecimiento...Esto amigos amantes del cine es cine de alto nivel.


 

 




En cada ciudad, en cada pueblo, en cada barrio de este magnífico, pero maltratado planeta, cada día hay cuando menos una familia guerreando por una herencia o por el afán de poder de alguno contra los otros. El dinero se torna maldito y al afecto lo adormece la ambición que se apodera de aquellos seres que, con sus acciones, hacen lugar a la felonía, al rencor y al desengaño. “LA LOBA”, es un soberbio retrato de la ambición que destruye, uno a uno, los pilares que antes sostenían con esperanzas a las familias. Hay lugar para las más retorcidas acciones, para las más falsas palabras, para el oportunismo y la presunción de viveza… Y, entonces, la hipocresía toma su lugar, las maquinaciones se desbordan, el individualismo hace lo suyo, y el odio comienza a anidar en los corazones hasta permitirle cometer vilezas que parecieran inconcebibles. Regina, la única mujer entre los hermanos, es una loba calculadora y feroz cuando se trata de defender lo que desea. Todos los intereses que la mueven sólo apuntan hacia ella misma. El reconocimiento de este hecho es el que hará que su marido, Horace, en su triste regreso, recite aquella frase bíblica: “Detengamos a los lobos, a todas las alimañas que estropean las vides”. Pero, contra el frío hielo que brota de aquellas almas que habitan y dominan la plantación, el calor humano emana suave y sensiblemente del corazón de Alexandra, la hija y del de David, su pretendiente; del de Addie, la noble y generosa nana; y aún del de Birdie, la dama decepcionada de su esposo y de su hijo. Lillian Hellman, una de esas sorprendentes escritoras que, en una época bastante conservadora, decidieron romper con unas cuantas reglas y cuestionar sin ambajes a la sociedad que padecían, ha dado para los siglos de los siglos, una obra que golpea a la ambición en todo y que muestra, con claridad, que siempre hay un cabo que se deja suelto, siendo por ahí por donde la luz entrará luego a ocupar su inamisible lugar. William Wyler, hace efectiva su brillante dirección, extrae de los actores todo su potencial, y con una precisa puesta en escena, logra un filme que tiene el sello de los grandes clásicos. Nunca el cine conoció una mala mas fría, cruel, integral y calculadora que "Regina" , esa mujer ambiciosa desposeída de sentimientos hasta el punto de dejar morir a su marido. Esa es la esencia de esta obra cumbre del melodrama, la ambición humana capaz incluso de que "la Loba" no solo sacrifique a su pareja y hermanos si no incluso a sus propias crías. De las tres películas que hicieron juntos Wyler y Davis, esta es a mi parecer la mejor sin desmerecer las demás, pero LA LOBA tiene una garra siempre dispuesta a capturar el interés de todo espectador. W.Wyler era por antonomasia el maestro del melodrama sabia definir perfecta mente a los personajes así como era un maestro en las escenas de amor o desamor. La historia esta plagada de momentos estelares con una línea muy clara y definida que separa a los buenos de los malos.




“The Little foxes” o las alimañas, que sería el título más parecido al original, según la famosa cita bíblica que está en la memoria de todos, es un melodrama sobrecogedor que tiene uno de sus centros de interés en la concurrencia de personalidades y talento responsables de su resultado final. Sería una falacia afirmar que es sólo de William Wyler, pero tampoco sería correcto desvincular los logros de la película de la labor del ecléctico cineasta, pues sin duda, el material le era familiar, la obra teatral de Lilliam Hellman, autora de otras adaptaciones fue un proyecto del gran productor Samuel Goldwyn y al mismo, habría que añadir a la propia Bette Davis que impuso su criterio sobre el modo de interpretar el personaje de Regina Hubbard Giddens, fría estoica y cruel. Y sin duda alguna el equipo técnico, también es responsable del impresionante resultado. Es digno de mención el maquillador Perc Westmore, que convirtió el rostro de la Davis en una equivalente a las máscaras del teatro, el decorador Stephen Grosson, creador de los excelentes decorados sureños, el director de fotografía Gregg Toland, cuya iluminación en blanco y negro acusaba la presencia de los hallazgos plásticos experimentados hacía poco junto a Orson Welles como operador de su “Ciudadano Kane”. Wyler con su maestría ensambló acertadamente todas las piezas para que funcionara con interés y fluidez narrativa. El cineasta concentra en la fuerza de los detalles la ruptura entre teatro y cine, logrando una excelente armonía entre la descripción exterior e interior de personajes y situaciones: en la espléndida apertura de sabor sureño, cuando un negro pule el rótulo del Banco de Nueva Orleans.....futuro escenario de uno de los momentos clave del film. Los planos que realiza Toland son asombrosos, creando el efecto dramático y de autoridad desde esas majestuosas escaleras, son escenas memorables que permanecen en nuestra memoria. La creación de una atmósfera cerrada hasta la asfixia, la bondad encarnada por Herbert Marshall, marido enfermo y resignado ante la maldad personificada en el rostro de Regina, las agrias discusiones que esta mantiene con sus despreciables y arribistas hermanos presa de la codicia, la humanidad y la alegría de vivir de su hija, el paternalismo hacia la raza negra de todos ellos que nos mostrará la soledad y el castigo moral. La obra de Lilliam Hellman, recia, vigorosa y fuerte como el carácter de su autora, permanece siempre en la pantalla y plantea un humanismo liberal que se expresa por medio del rechazo al autoritarismo y una ambición desmedida.

Bette Davis se puede decir que es una de las cinco grandes de todos los tiempos. Al igual que la mejor actriz de la historia es Katharine Hepburn; Bette Davis y sus inolvidables ojos, unida a la metamorfosis de sus interpretaciones, destaca en cada filme que hemos visto. La avaricia es un defecto que nos corroe. Acaparar riqueza material, e incluso de relaciones sociales y no tener limite, al querer siempre más, pasando sobre quien sea, y acallar a la familia. Es algo patético. Situación que dentro de sus interpretaciones nos da a la perfección. En “La loba” todo gira alrededor del dinero, todos los pensamientos, acciones y estabilidad… están supeditados al dios pagano… el dinero...Ese dios pagano, brinda seguridad mientras se tiene y ver “fracasada” esa situación, es terrible. Entonces los humanos se denigran. Bette Davis es la imagen de ese deseo insano.



 

 

 


LA LOBA es cine con mayúsculas, así es, una obra maestra inolvidable e irrepetible. Un clásico que se ha recordado a pesar de que han pasado los años y del que se puede hablar de él como si fuese un tema actual pues quitando los vestidos de época, las mansiones y los criados negros, tendremos un tema eterno, la avaricia y la codicia del ser humano. Un tema retratado en una familia, tres hermanos, el egoísmo, la maldad y la carencia de valores hacen de estos tres hermanos el ejemplo de la maldad humana. Intereses económicos serán la base para definir la codicia y la avaricia, una mujer rica, de la aristocracia tiene la posibilidad de hacer realidad sus sueños y poseer más dinero aunque ello suponga suprimir a su esposo y los que son de su propia sangre. La loba no solamente analiza un tema humano que es el sueño de conquistar la tierra aunque nos traguemos a los humanos que en ella habitan, analiza el bien y el mal, del porque las personas actuamos como actuamos y de como podemos llevar a personas buenas a lo largo de nuestro camino, del mal del mundo y del bien, de los actos humanos y de su falta de conciencia, de la conciencia humana. Una mujer ávara y poderosa quiere conquistar todo lo que tiene a su alrededor, a su lado se ven personas que contrarrestan con ella como su marido y su hija, personas pensadoras y libres como el periodista y el mundo de los criados, los cuales son buenos por naturaleza. Cada personaje de la película define un esquema humano del bien y mal. La película no tiene nada de desperdicio, se analizan temas vitales como la felicidad, el amor, el matrimonio, la bondad, la humildad...temas eternos retratados en esta maléfica mujer, la cual representa todo lo contrario de estos valores. La película posee fuerza y carácter y todo eso se debe a la magistral dirección, la inteligencia de la dirección y de la fotografía la cual es bastante metafórica y simbólica, puedo asegurar que en ciertos momentos la fotografía se adelanta a su época por lo metafórica de ésta. Bette Davis, con eso esta todo dicho, en un papel que sería recordado hasta hoy en día por su maldad, ha sido de los personajes más malos que hizo y en ninguna escena existe ese toque de bondad, solamente sonríe una vez...y que sonrisa...
Bette Davis está inolvidable y hay muchos momentos en los que hace sombra a todos los demás, simplemente nos los deja respirar, el resto de los actores son sombra a su lado...La dirección es fantástica además de ser una película con una forma correcta desde el principio hasta el final, en casi ningún momento cae su fuerza. Hay muchas escenas en las que se podría pensar que cuando no está la “diva” la fuerza podría caer, pero no es así la película tiene fuerza con o sin ella, solamente es que ella es Bette Davis....y repito, la película no hubiera sido lo mismo sin ella. Sin duda un clásico obligatorio y una de las mejores películas de la historia del cine.

Ahora el mundo está inmerso en uno de esos periodos de crisis cíclicos y perennes desde que el homo sapiens se dio cuenta de que algunos pocos de su especie, podían dominar al resto, siempre y cuando estuvieran dispuestos a conseguirlo a cualquier precio y por encima de todo....Es este el momento ideal para revisionar esta joya.


Sobre la obra de teatro "The little foxes", que por muy bíblico que fuera su origen, les debió parecer poco apropiado a las mentes calenturientas de los censores españoles. Su autora Lillian Hellman también lo guioniza y se realiza con la mitad del reparto que la estrenó, a excepción de Tallulah Bankhead que fue sustituida. Parece ser que Bankhead y la autora no se llevaban demasiado bien a pesar del éxito teatral. El caso es que Bette Davis se apodero del papel y le imprimió su sello personal, convenciendo a Wyler que veía el personaje más seductor y menos rocoso. Tan rocoso que La Davis unió su imagen con un personaje para la historia y aún perdura. No obstante y a pesar de que el nivel interpretativo es de altura, sí creo que cumple una función de mínima rendija por donde seguir en la lucha con la vana ilusión de que puede que algún día el mundo sea diferente y no se salgan con la suya los de siempre.




El final, que en su día a algunos críticos no convenció, quizá porque no queda suficientemente castigada la maldad con la inevitable soledad que conlleva, a mi, actualmente me parece perfecto y me imagino a Regina después de quizás uno o dos segundos de duda emocional, riéndose diabólicamente tras los visillos de todas las victimas que le van a permitir darse la gran vida los años que le quedan y esculpiendo en su epitafio un cínico y desafiante: !Detuve a las alimañas que se comían mis uvas!!...Muy recomendable, un gran clásico entre los clásicos. Historia tremenda de ambición sin límites, de personajes cuya única preocupación es el dinero aún a riesgo de quedarse solos. Sin duda, para mí lo mejor reside en la interpretación de los actores y por encima de todos de esa gran diva del cine que es Bette Davis... (Recomiendo a todos los cinéfilos que lean un libro de Diego Galán sobre el festival de cine de San Sebastián, que el mismo dirigió durante años. Además de interesante y divertido, Diego dedica unas palabras a Bette Davis de admiración total en la que destaca su enorme profesionalidad, a pesar de estar gravemente enferma cuando fue a Donosti. ¡cuantas figuras de hoy en día deberían aprender!...)..Volviendo al film, quizá la historia no sea muy original, y la primera parte de la película resulte algo lenta, pero solo por ver la escena de la muerte del marido y el gesto de Bette ya merece la espera. Nunca nadie ha sido, ni creo que será, tan mala en el cine como Bette, y eso señores sí que es dar miedo. El maestro Wyler, excelente director, atrapó una pieza teatral muy poderosa, que trata de algunos temas universales que justifican que, pese a los años que han transcurrido, "La loba" sigue hablando de cosas que interesan a una audiencia de todas las edades. A pesar de que el rodaje no fue fácil, la asociación con Bette Davis fue muy rentable, ya que es difícil pensar a otra intérprete para encarna un personaje femenino tan fuerte, tremendamente fascinante en su oscuridad. Davis está, junto con su maravillosa "Eva al desnudo", en el mejor papel de su carrera, lo cual es decir mucho. Estaba en el momento justo para dar forma a estos colmillos terribles que amenazan con engullirlo todo. El resto del reparto realiza un trabajo impresionante, no quedando oscurecidos por el tremendo talento de Davis. La profesionalidad invade este teatro en celuloide, donde cabría sobresalir, dentro del excelente nivel global, a Teresa Wright, que va creciendo conforme avanza el film, en un poderoso reto de almas enfrentadas por el poder de la sangre. Una pieza donde los adjetivos van y viene para definirla correctamente y que deja, además de una espléndida versión, la interpretación con mayúsculas de una de las grandes actrices de toda una época. Me gusta especialmente lo honrada que es la película, ya que el incremento de la tensión se debe únicamente a cuestiones como el desarrollo de la trama, el trabajo de una memorable Bette Davis o el ritmo de narración, que no se apoya en recursos fáciles para conmover al espectador.



 

 


La película ostenta muchas cosas: Un actor de la talla de Herbert G.Marshall, un vestuario esplendoroso, decorados y escaleras para los que se acaban los adjetivos, un guión perfecto, pero por encima de todo: Bette Davis. Fue la actriz en la que inmediatamente pensó William Wyler trás ver la versión Broadway de la obra "The Little Foxes", pero no lo tuvo fácil para hacerse con sus servicios. Como siempre las productoras no eran generosas en la cesión de sus estrellas, si bien en esta ocasión la Warner accedió a un trueque con Gary Cooper quien rodaría para ellos El sargento York. Cuentan que, unas astronómicas deudas de juego de Jack Warner con Samuel Goldwyn, acabaron saldadas, contribuyeron al buen fin de la operación. Bette Davis está simplemente perfecta. Es, junto con Eva al desnudo y ¿Qué fue de Baby Jane?, su mejor trabajo. Su Regina es uno de los personajes más odiosos que haya dado el séptimo arte. Imposible para muchas actrices, difícil para otras, pero únicamente personalidades como ella pueden meterse en su piel y sobrevivir. Y en su caso, con nota muy alta...¿Ayuda el maquillaje? Si. ¿Qué el plano profundo de Toland capta mejor los matices y los sentimientos, favoreciendo esa sensación de malignidad que sobrevuela el film?, de acuerdo. Pero el gesto, el ademán, la mirada, los ojos, el rictus, la sonrisa que mata en lugar de acariciar… Todo ello lo puso un nombre a venerar eternamente: Bette Davis. La película optó a nueve Oscars no consiguiendo ninguno. Sin entrar en valoraciones acerca de la justicia o no de los premios otorgados, sobre los cuales habría mucho que discutir, es innegable que por el número de nominaciones estamos ante una película magistral y única. Una verdadera obra maestra. Y ya que las alforjas iban vacías al volver a pisar, en su salida, la alfombra roja, para mí sus nominaciones se transformaron en relucientes y doradas estatuillas.

El rodaje fue un continuo desencuentro que terminaría rompiendo la relación entre Davis y Wyler. Ya el primer día de rodaje, en mayo de 1941, acechó la sombra del conflicto cuando Bette se presentó con la cara con un toque de palidez empolvada que solían llevar las mujeres sureñas de comienzos del Siglo XX. Al verla, Wyler montó en cólera: "¿Qué es eso?", le preguntó... "Me lo he puesto para parecer más vieja", le respondió Davis... "Lo que pareces es un payaso. ¡Quítatelo!", le gritó Wyler. Bette no obedeció, sólo suavizó un poco el color. Wyler desafiaba a Bette a la menor ocasión, disfrutaba encendiendo la mecha, como si además de las diferencias en cuanto al personaje, existieran ciertos rencores personales, no olvidemos que habían sido amantes hasta poco antes. Wyler exigía incesantes repeticiones de tomas para obtener una interpretación de Bette más matizada. A Davis le había encantado trabajar así en 'Jezabel' tres años antes, pero esta vez se resistía. Con más confianza en sus aptitudes, y más crecida como estrella, se sublevaba bajo el mando de Wyler. Con cada nueva toma que ordenaba Wyler, con cada súplica de que moldease más la personalidad del personaje, más diferente era la actuación de Bette Davis. Wyler estaba atónito de cómo se había alterado la conducta de la actriz respecto a él. No era ya maleable, no estaba abierta a sus sugerencias. Ninguno de los dos cedía un sólo milímetro, y la antipatía de Wyler, tan cordial con ella en otros tiempos, desazonaba a Bette. Durante el ensayo de una complicada escena donde Wyler quería que Bette transmitiera la gracia y la hospitalidad del Sur, ella la interpretó con tal dureza y frialdad, que al terminar, Wyler gritó en voz alta: "Es la escena más infame que he visto en mi vida. !¡Tenia que haber contratado a Tallulah Bankhead!!!.... Bette Davis perdió la compostura y se marchó del estudio. El médico de la actriz informó al director y a los productores que tenía los nervios al borde de un síncope y que no podría reincorporarse al rodaje en unas cuantas semanas. Wyler empezó a estudiar posibles sustitutas para Bette, incluidas Tallulah Bankhead y Miriam Hopkins. Pero los productores decidieron que, a pesar de todo, no podían prescindir de Bette Davis, y ordenaron a Wyler que adelantara las escenas secundarias para hacer tiempo durante las tres semanas hasta el regreso de ella. La decisión de los productores supuso un triunfo para Bette Davis, que logró imponer su criterio sobre el de Wyler, dejando claro que la imprescindible era ella. Resignado a la idea de que no debía alterar la interpretación de Davis, Wyler la dejó hacer el papel a su manera, y se concentró en transformar la pieza teatral en cine vivo. El punto culminante de la película, sería la escena en la que Regina permite que su marido muera al negarle la medicación. Podría haber mostrado la reacción de Regina mientras se oye al moribundo fuera de la pantalla, o podría haber enfocado de forma alternativa a los dos actores, o en un primer plano paralelo; pero no, decidió centrar la cámara sobre el rostro cruel e imperturbable de Bette y dejar al marido en el fondo, más desenfocado, creando así una secuencia que ya pertenece a la historia del cine. La crítica alabó por igual la técnica de Wyler, y la interpretación de Davis, confirmando que ella llevaba la razón sobre la forma de representar al personaje. Aunque nunca más Wyler y Davis volverían a trabajar juntos ni a dirigirse la palabra. Bette Davis logró su sexta nominación al Oscar, la cuarta consecutiva. Y, lo que es más importante, su personaje pasó a la historia como referente para actrices que asumieran papeles de mujer malvada.



 

 



LO QUE DIJO BETTE DAVIS SOBRE SI MISMA:



-"He llegado a la cumbre a fuerza de mucho arañar, e incluso al asesinato hubiese recurrido para conseguirlo"-



-"No creo que vuelva a casarme, a no ser que encuentre a un hombre que tenga quince millones de dólares, que esté dispuesto a darme la mitad antes de la boda y que me garantice que se morirá un año después de la boda"-



-"La televisión es maravillosa. No sólo nos produce dolor de cabeza, sino que además en la publicidad encontramos las pastillas que nos aliviarán "-.


-"Cuando vi mi primera película salí de la sala llorando a gritos"-


-"Yo adoro los papeles de perra malvada. Hay un pedazo de perra en cada mujer"-


-"Mucha gente me conoce, excepto yo misma. Me gustaría que alguien me hablase de mi"-

 

 



La actriz odiaba la impuntualidad, los diálogos no sabidos de memoria y que intentaran pasarse de listos debido a su nariz de gancho y sus ojos hirientes. Convencida de que quería ser actriz, comenzó a venderse al mejor productor. Si iba a ser una sirvienta blanca, ella pondría las reglas de su esclavitud. No usó los malabares sexuales de Marlene Dietrich que se vestía de hombre para mujerizar a sus hombres. Tampoco empleó la travesura de besarse con mujeres porque no le gustaban. El mayor placer del que disfrutaba con la boca era fumar hasta toser. Por entonces la productora RKO buscaba a alguien que encarnara a una mujerzuela en "Cautivo de Deseo". Katharine Hepburn tiró el guión a la papelera porque no le gustaban las prostitutas. A Bette le encantaban.



 



SU MAS LOGRADA, ÚLTIMA Y EMOCIONANTE REPRESENTACIÓN FUÉ EN ESPAÑA, CONCRETAMENTE EN EL FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIAN DEL AÑO 1989.

 

 

 



Cuando Bette Davis recibió la invitación para acudir al Festival de Cine de San Sebastián, seguramente quedó perpleja. El motivo no era el de un homenaje a su larga y brillante carrera, sino la retrospectiva que aquel año dedicábamos al director James Whale, con quien ella había trabajado en una ocasión, y brevemente, en El puente de Waterloo, 1931. Pero no le importó tan modesta oferta. Se encontraba ya muy enferma. El cáncer se le había generalizado y los médicos le aconsejaban reposo total. Pero sus cálculos eran distintos: la cita en San Sebastián podría transformarse en un homenaje a ella misma, y no estaba dispuesta a perder la oportunidad de despedirse de la vida en olor de multitudes... podía ser el mejor adiós. Desoyó a médicos y asesores, acostumbrada como estaba a hacer su voluntad. Su fama señalaba que ella había elegido cuidadosamente los guiones de las películas que interpretó, y que nadie interfería en sus deseos. Había dicho en una ocasión: "He llegado a la cumbre a fuerza de arañar, y para conseguirlo incluso habría practicado el asesinato". Le gustaban las frases rotundas para hacer hincapié en esa imagen de mujer dura y perversa que las productoras le habían confeccionado: "Cuanto más mala es Bette Davis, la película es mejor". Y aunque no fuera cierto que en todos sus melodramas interpretara el papel de pérfida, seguramente su ausencia de belleza al uso, y un carácter firme y decidido que la alejaba del prototipo de la tímida y servicial jovencita que Hollywood proponía como mujer ideal, configuraban en ella elementos insólitos para una estrella cinematográfica de los años 30 y 40. En España había rodado en una ocasión, junto a Errol Flynn, y no pudo ocultar su perplejidad cuando la gente le gritaba por la calle "¡La Loba, La Loba!", en alusión a una de sus películas más populares, originalmente titulada The Little Foxes. "¿Qué es La Loba?", preguntaba, y aunque no logró entender la relación entre lobas y zorras, le gustó la agresividad del título. Porque su leyenda era más importante que ella misma. Llegó a San Sebastián en el caluroso septiembre de 1989. Había realizado varias escalas desde Los Ángeles, economizando sus escasas energías. Se hizo acompañar de una fiel secretaria que controlaba todos los detalles, especialmente las 42 maletas. Protegidos entre las ropas, llevó consigo los dos Oscar obtenidos en su carrera, junto al inolvidable dolor de no poder incluir el que le fuera arrebatado en 1950 cuando su emblemática interpretación de Margo Channing en Eva al desnudo quedó sólo en nominación. Como en otras tantas nueve ocasiones. Esas dos estatuillas le habían valido para hacer una broma en momentos de crisis laboral, publicando en un periódico: "Actriz con dos Oscar busca trabajo". Fumadora empedernida, festejó que en España aún no estuviera prohibido el placer del tabaco. "Estados Unidos ya no es un país libre", exclamaba exhalando el humo del cigarrillo con esa majestuosidad que sólo se ha visto en las legendarias películas de la edad de oro del cine americano.

Nos paralizaba su fama de dura, y su contradictoria imagen de anciana disminuida y frágil. No importó. Reemplazó nuestras decisiones por la suya propia, ordenando cómo y cuándo aparecería ante los fotógrafos y periodistas, quién y cómo le entregaría el premio Donostia en el escenario, y cuándo y por qué sistema se marcharía de San Sebastián. Recluida en su habitación frente a un televisor, escudriñó todas las actividades del Festival, ensayó pelucas y maquillajes para que aquella última aparición pública se rodeara del glamour que la había convertido en una de las máximas estrellas del cine. Se hizo todo tal como quiso, y tras recibir la más sonora ovación jamás oída en el Festival, quiso despedirse uno por uno de todos los periodistas, premiar al fotógrafo que la atendió en primer lugar, dedicar todas las fotografías que le habían solicitado, y aun terminar la redacción de sus memorias con un capítulo especial dedicado a este recóndito Festival donde pudo despedirse del mundo como ella merecía.

Su mala salud, sin embargo, no la perdonaba, y cayó enferma al concluir las duras actividades que ella misma había programado. Rechazó a los médicos españoles, como antes había rechazado a maquilladores y peluqueros haciendo venir de París a un profesional de su confianza, y decidió ser atendida en un hospital francés. Le perdió su desconfianza, y en aquel tiempo precioso se jugó la fecha de su muerte. En París ya nada pudieron hacer por ella, y falleció 15 días después de la última cena, aquélla con la que quiso agradecernos privadamente la oportunidad de sentirse aclamada y querida. "Me habéis devuelto la vida", dijo, electrizándonos ya para siempre. Tras aquellos inmensos ojos, a veces azules, otras verdes, nos miraba con ternura, pero también con distancia, evitando ceder en alguna de sus exigencias por debilidades sentimentales. El espectáculo era lo primero, y sólo cuando éste hubo finalizado, en aquella memorable última cena, se permitió expresar un infinito amor, que trascendía nuestra timorata invitación en la que le habíamos propuesto que ella rindiera homenaje a un director. Supo premiar nuestra ingenuidad con su mítica presencia en San Sebastián, donde, sabemos, fue feliz en su último momento de gloria.

 

De seguir entre nosotros, ya centenaria, habría querido mantener su estatus de diva, seduciendo a la cámara y monopolizando aplausos. Su fama de mujer difícil pero enormemente disciplinada, su energía desbordante, su mal genio y su sarcasmo rociado en veneno como cuando protagonizó: "Amarga victoria", una biografía escrita por Ed Sikov que celebra su tortuosa vida sin ahorrarse detalles escabrosos.

Así era la inmensa actriz que protagonizo LA LOBA, una obra que quedará en la historia del cine como pieza de culto, y un merecido homenaje a una mujer única en todos los aspectos de su profesión.