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MY FAIR LADY

de

George Cukor

  foxyform

 

My fair lady se encuentra entre mis musicales favoritos. Y es que tiene todos los ingredientes para que sea una de las mejores y más espectaculares películas que se han rodado. En primer lugar, porque es difícil encontrar mejores temas musicales, uno detrás de otro que, más tarde, se convirtieron en clásicos populares que interpretaron los mejores cantantes de la época. En segundo lugar y más que por la actriz que encabeza la entrada, por el magnífico Rex Harrison que, incomparable, da vida al mítico Profesor Higgins. Y en tercer lugar, para buscar los orígenes de My fair lady hay que realizar varios pasos atrás en el tiempo. Esta película, más allá de las luces y ser un espectacular musical , nos cuenta la obsesión del Profesor Higgins por crear a una criatura perfecta, partiendo de una base tan sumamente débil y simple como Eliza Doolittle, una pobre chica de barrio que se gana la vida vendiendo flores. Higgins tendrá la intención de crear, a partir de la nada más absoluta, a un ser perfecto, hacer pasar a una pordiosera de barrio por una dama de la alta sociedad londinense. Esto es, prácticamente, jugar a ser dios. Y Higgins modela esta escultura del mismo modo que Pigmalión crea a Galatea, en Las Metamorfosis de Ovidio. Ahí está el principio del profesor Higgins, en Pigmalión. Porque la película de George Cukor fue previamente una obra de teatro de Alan Jay Lerner y Frederick Loewe que, a su vez, basaron su adaptación en la obra Pigmalión, creada por George Bernard Shaw.

 

 

Rex Harrison como Profesor Higgins, tiene la perfección de haber representado la obra en Broadway durante varios años. Curiosamente y como recordara Hildy Johnson en esta entrada, el personaje de Rex Harrison vuelve a verse obligado aquí a renunciar a su amor, como ya le ocurriera años atrás en El fantasma y la señora Muir de Joseph L. Mankiewicz. Recordemos que en la película de Mankiewicz, Rex Harrison encarna a un espíritu que se enamora de la nueva inquilina de la casa donde siempre ha habitado. La huésped es Gene Tierney y el fantasma debe renunciar a ella, al final de la película, para dejarla libre y que así pueda llevar la vida que le corresponde.... Pues en My fair lady, Rex Harrison también representa a un hombre que, finalmente, debe dejar marchar a "su creación", a Eliza Doolittle. Y hay cierta fascinación que la señorita Doolittle manifiesta hacia el profesor. Y hay cierta devoción de Higgins hacia esa chica que él ha moldeado. Pero todo queda ahí. En algún momento, Pigmalión debe dejar que Galatea siga su camino. Para comprender la película, también hay que comenzar por la obra de teatro que la precede y que se representó con gran éxito en Broadway y en West End. Rex Harrison también fue en aquella ocasión el Profesor Higgins. Pero el papel de Eliza Doolittle fue encarnado por la magnífica voz de Julie Andrews. Al trasladar la obra al cine, el productor Jack Warner rechazó a Andrews por ser una actriz totalmente desconocida en el cine, posteriormente sería Andrews la que rechazaría a Warner, por su oferta para el papel principal de Camelot. Y eligieron a Audrey Hepburn, entre otras candidatas como Elizabeth Taylor, Vanessa Redgrave o Angela Lansbury. Pero lo cierto es que, para un papel musical Audrey Hepburn no contaba con la mejor voz. Estudió canto y se preparó durante varios meses para llevar a cabo la obra musical pero poco antes del estreno fue doblada en todas las canciones por Marni Nixon. Este hecho enfadó profundamente a Hepburn... acrecentándose cuando el Óscar a la mejor actriz fué para Julie Andrews por su papel protagonista en Mary Poppins, muy injustamente..... Audrey Hepburn que se lo merecía sobradamente, se quedó sin él...

 !!! Injusticias de la Academia !!!.

La primera aparición de Audrey, en el Covent Garden, es inolvidable. Como inolvidable es la reacción del Profesor Higgins y el Coronel Pickering al encontrar un espécimen tan extraño, con ese acento de habitante de los bajos fondos del East End londinense. Según el profesor, la manera de hablar de una persona condiciona su estatus social. Pickering no parece estar de acuerdo y el profesor le asegura que puede aleccionar a aquella chica para pronunciar el Inglés tan bien que pasaría por duquesa en el baile anual de la Embajada. Resulta una comedia fresca e irresistible, con números musicales extraordinarios y unos golpes de humor excelentes. La ironía de Rex Harrison y la innata simpatía de Audrey Hepburn convierten este musical en una obra imperecedera. Mención aparte merece Stanley Holloway en el papel del señor Doolittle, padre de Eliza, basurero y excelente bebedor de las cantinas londinenses que, después de tres días sin saber nada de su hija, decide ir a buscarla a la casa del Doctor Higgins, para proteger la dignidad de Eliza, ya que el doctor es un hombre soltero. El apartado musical, por otro lado, sostiene un nivel altísimo durante toda el film. Uno de mis temas favoritos está al principio y se titula Wouldn't it be loverly?... No pretendo sugerir que Julie Andrews era más indicada para el papel pero, no necesitaba ser doblada. Es más, su voz superó a la de Marni Nixon con creces. Sin embargo, la virtud de Audrey Hepburn como Eliza Doolittle, va más allá del innato encanto que tenía esta actriz, reside en la cómica y exagerada pronunciación que hace del Inglés, en sus primeros encuentros con el profesor Higgins. Por eso y por muchas otras razones, como, por ejemplo, no aguantar la frasecilla de La lluvia en Sevilla es una auténtica maravilla. Recomiendo ver My fair lady en su sonido original. No se atrevieron los guionistas y el director de My Fair Lady y mucho menos los responsables del musical que durante años se mantuvo en los escenarios neoyorquinos y londinenses, quienes se conformaron con un final agridulce y anticonvencional, sin abrazos ni besos, sin duetos amorosos y sin violines ni coros triunfales. El milagro consistió en haber sabido adaptar la opereta más misógina de todo el show business americano para conseguir un digno homenaje a la mujer, dentro de un cuento de hadas en el que una proletaria convertida en lady se ve sometida al varón. Hollywood  no consentiría que entre Higgins y Eliza no surgiese siquiera una esperanzadora chispa de afecto, como tampoco se lo habían permitido los británicos con la versión en blanco y negro de Pigmalión dirigida en 1938 por Anthony Asquith y Leslie Howard, e interpretada por Wendy Hiller. Los números obligaron: 17 millones de dólares como coste de producción, de los cuales 5 y medio sólo en concepto de derechos de autor. También había que justificar la utilización casi diaria de los veintiséis platós de los estudios de la Warner, así como los casi dos millones de coste de los decorados y de los más de mil trajes del vestuario. George Cukor fue la opción final de Jack L. Warner para dirigir la producción, después de descartar a Jerome Robbins y Vincente Minnelli, así como Audrey Hepburn la protagonista elegida en lugar de Julie Andrews, triunfadora en los escenarios durante varias temporadas. Esta decisión obligó a utilizar la voz de la cantante Marni Dixon como dobladora de la Hepburn en las canciones. También se consideró inicialmente la alternativa de Peter O'Toole y de Cary Grant antes de imponerse Rex Harrison. En esta superproducción, la personalidad de Cukor parece transformarse más en un eficaz coordinador de superespecialistas, como el coreógrafo Hermes Pan, el diseñador Cecil Beaton, el fotógrafo Harry Stradling, el director artístico Gene Allen o el montador William Ziegler. En palabras de Robert Benayoun:

-" Admiremos la espléndida levedad de esta costosa adaptación de una opereta que, a pesar de su suntuosidad, se nos ofrece íntima "-.

 

 

 

..Y la magia de esta película suscitó en su época, y en épocas posteriores mucha controversia...adorándola. Cukor y el fotógrafo Cecil Beaton construyeron una deliciosa cinta llena de magia visual y sonora, con unas actuaciones realmente destacables, sobre todo del trío protagonista, inspirándose en la comedia del autor George Bernard Shaw, "Pigmalión". Magnífica restauración de decorados diseñados casi en su totalidad por Beaton, con algunas aportaciones de Cukor, representando con la magia exclusiva de aquellos años, escenarios de la maravillosa ciudad de Londres... Precisamente todo se inicia en uno de esos sitios legendarios de la ciudad inglesa, en concreto en el mítico Covent Garden, donde nuestra protagonista, deliciosa y cautivadora Audrey Hepburn, interpretando el papel de Eliza Doolittle, una vendedora de flores, de carácter rudo y maneras toscas, se encuentra en una fría y lluviosa noche con nuestros otros dos protagonistas, saliendo de una ópera. Así, un misógino y clasista profesor de fonética británico para quien el origen de la existencia de clases está en la pronunciación, prosodia y vocabulario de la lengua materna utilizada, el profesor Henry Higgins, y un misántropo coronel del ejército británico, estudioso de las lenguas exóticas, coronel Pickerling apalabran una curiosa apuesta que implicará de lleno a nuestra deliciosa protagonista llevando la cinta en todo momento a situaciones y escenarios mágicos que permanecerán imborrables en la retina del cualquier espectador. Con inolvidables momentos como la asistencia y presentación en la alta sociedad de Eliza en Ascott , o el baile en la embajada en honor de la reina de Transilvania,... pasando también y sobre todo por la maravillosa aportación del padre de la protagonista Alfred Doolitlle ...with a little bit of luck...", o su discurso sobre los prejuicios y ataduras de la mediana y alta burguesía respecto a los de su clase original; los humildes. Inolvidable y deliciosa película, que si bien arrebató todos los honores a mi admirable Dr Strangelove de Kubrick, no guardo empero ningún rencor contra ella, todo lo contrario. Le estaré eternamente agradecido...Por este musical de los musicales.

 

MY FAIR LADY es un film que uno no puede juzgar con objetividad. Está teñida de emociones, de recuerdos... Me pasé la adolescencia entera oyendo el disco con todas las canciones de la película, en su versión original. La vi siempre que la pasaban por televisión, e incluso asistí a uno de sus reestrenos en pantalla grande... Se puede decir que mi vida ha estado ligada a este musical de musicales, pero estas películas, y aquellos cines que emitían estos grandes clásicos, ya no existen....tampoco algunos números musicales memorables...y la elegancia inimitable de Rex Harrison...y la belleza intemporal de Audrey. Esa cara angelical que canta, tumbada en la cama, que no podrá dormir en toda la noche, es uno de los momentos más bellos en la Historia del Cine. Un anticipo del Cielo que les espera a los que pecan menos que yo. Estoy de acuerdo en que es unos de los mejores musicales de todos los tiempos, una película sobresaliente en todos aspectos. Ahora bien, observo que muchas críticas atribuyen el estilizado aspecto visual de la película a Cecil Beaton. Pues bien, según se asegura en el comentario técnico del dvd, Beaton solo diseñó el magnífico vestuario, pero todo el aspecto visual de la película, incluyendo los fastuosos decorados, es atribuido a Gene Allen y a Jorge James Hopkins, directores artísticos, así como a Harry Stradling, director de fotografía. Todos ellos obtuvieron un oscar. También debo decir que me ha parecido apasionante comparar las esforzadas versiones cantadas por la propia Hepburn y las magníficas versiones dobladas que finalmente aparecieron en la película, y por cuya interpretación ni siquiera aparece acreditada la cantante profesional que las interpretó. En cuanto a la surrealista versión española, no es que esté mal, pero un film de esta categoría hay que verla en versión original y preferiblemente sabiendo algo de inglés, para poder apreciar las implicaciones idiomáticas y fonéticas del asunto. Porque si no, en vez de "The rain in Spain" te quedas con "La lluvia en Sevilla", y a partir de ahí la dualidad entre inglés de clase alta y el sonido "cockney" queda desvirtuada con este contraste surrealista.. Os la recomiendo en versión original.

 

Sin duda "My Fair Lady" es una obra maestra... En aquella época hacer un musical estaba de moda y además se llevaban todos los premios como fué el caso de "Gigi", "Un americano en París", "Sonrisas y lágrimas".... Todas ellas barrieron en la entrega de los Oscars y yo personalmente creo que My Fair Lady posee una frescura, una agilidad narrativa y una puesta en escena que la hace ser un festival de sonido, e irrepetibles interpretaciones. Cuenta la historia de "Elisa", una joven que vende flores, habla muy mal el idioma inglés por lo que recurre a un profesor para que le enseñe modales y ser una verdadera dama. Entre tanto, el profesor y un amigo apostarán que dentro de 6 meses nuestra protagonista será una dama al nivel de una princesa de la alta sociedad y cuya prueba final para demostrarlo será una fiesta con la realeza. La historia tiene bastante similitud con "Gigi" pero el film de Cukor la supera con creces. Una banda sonora notable, un vestuario digno de las grandes películas de época, hacen de este film un verdadero clásico e ícono de los sesenta... aunque en aquellos años eran ya poco propicios para el género musical, tal vez por eso resultó ser el momento para que las excepciones sobresalieran sobre las producciones convencionales. Con MY FAIR LADY se hizo evidente una vez más que al autor de títulos como HISTORIAS DE FILADELFIA, le interesaban más los personajes y las situaciones que las propias historias. Y eso que esta vez se trataba de llevar a la pantalla una obra famosísima, como es Pygmalion y que fue un clamoroso éxito sobre los escenarios teatrales.... Pero le añado una virtud: !!El tiempo ha engrandecido este musical atípico!!. La película de George Cukor se presenta como una sustanciosa comedia que ilustra el poder terapéutico del lenguaje a la vez que da una elegante versión de Frankenstein en la que el lingüista Henry Higgins, se empeña en esculpir a una delicada criatura llamada Eliza Doolittle ... Julie Andrews representó el papel de Eliza con éxito arrollador en Broadway, pero al ser adaptada al cine, fue el nombre de Audrey Hepburn, más conocido y atractivo con vistas a la taquilla, el que relució para asegurar el éxito

 

La metamorfosis que teje el profesor Henry Higgins sobre Eliza Doolittle es absoluta. Cuesta trabajo pensar que una mujer pueda llegar a dejarse moldear como lo hace Eliza. Si he de ser sincero, el machismo se respira hasta la última escena, pero es lógico cuando pienso en la típica excusa de: "eran otros tiempos", otras formas... entonces me concentro en su estructura del guión, recursos y lenguaje cinematográfico. La puesta en escena de la película es todo un alarde Cecil Beaton, fotógrafo y mago del objetivo, supo plasmar como nadie todas y cada una de las escenas de MY FAIR LADY. No puedo relegar al olvido, o en segundo plano, el trabajo que realizó Stanley Holloway en el papel de Alfred P. Doolittle, el canallesco padre de Eliza, un truhán acostumbrado a alimentarse del aire y a flotar entre la mugre, que reivindica con bastante gracia su derecho a la pereza. El musical con el surgimiento del sonoro, y tras situarse a la cabeza de los géneros de los años treinta, fue en los cuarenta cuando se conoce su esplendor, y empieza a declinar, aunque no artísticamente en los años cincuenta, para experimentar una inyección en los sesenta y un estancamiento en los setenta. Durante las dos décadas siguientes el género languideció arrinconado por el público y los grandes estudios dejaron de financiar más proyectos salvo casos puntuales. Hoy en dia Hollywood ha vuelto a reconocer el género, los estudios han vuelto a poner sobre la mesa dinero para producir coreografías con las que sentir alas en los pies. Como ejemplo de ello, los éxitos conseguidos por MOULIN ROUGE, CHICAGO o el magnifico e inolvidable EL FANTASMA DE LA ÓPERA.

 

 

 

MY FAIR LADYY dirigida totalmente por George Cukor, un hombre de vida sentimental homosexual que supo como nadie en el cine comprender y adorar a las mujeres, y es capaz de dar elegancia, emocionante forma cinematográfica a esta obra aparentemente corriente y sin embargo profunda, bellísima en todas sus facetas e incluso en su dulce y amargo final. La elección de la maravillosa Audrey como protagonista levantó ampollas, y justo resentimiento en gente como Julie Andrews que había llevado con éxito la función en el teatro, y todo porque Audrey hace playback de una chica cuyo nombre sale en algunos créditos en letra pequeña, cantante desconocida, claro está. Realiza una gran interpretación, pero no canta, algo terrible si se tiene en cuenta que, exceptuando un par de números musicales de conjunto y los dos cuadros a cargo del padre de la protagonista, todo el peso de la función está en manos de su voz... Pero la película es tan buena que sobrevive a barbaridades como esa: My fair lady, un delicioso paseo por el interclasismo, la picaresca callejera y el dolor de un bello, sincero y conmovedor amor... dependiente con un gran reparto y maravillosa partitura que todo el mundo tararea con facilidad. En la obra original, deja pendiente el final, que es el que siempre se ha representado, con el retorno de la muchacha a traer las pantuflas de su querido cascarrabias y otro final (descartado), .en el que ella no vuelve, se marcha libre al fin, como el desenlace escrito en 1879 por Ibsen para Casa de Muñecas, pero que Bernard Shaw comprendió que estaba muy lejos de la realidad social.



Todo un gran musical, una historia sobre el mundo marginal de Londres hace más de un siglo, donde las clases sociales estaban muy definidas de antemano. A parte de la historia social y lingüística que todos conocemos, se ha hablado muy poco de un tema peliagudo que aparece levemente desarrollado durante la película y que al final ella da claros brotes de intencionalidad. Me estoy refiriendo a la relación amorosa entre los dos protagonistas, y concretamente a las dos últimas escenas. Higgins siempre aduce que no soporta a las mujeres, y Eliza  le aguanta todo tipo de desdenes. Se produce así un parelelismo entre la relación profesor-alumna inicial y le da luz total en el maravilloso e inolvidable final. Son en estas dos últimas escenas donde el lenguaje da un giro inesperado, cargado de confesiones morbosas que no dejarán indiferente al espectador ante tanta sinceridad sexual. Una clara relación pasional y tortuosa al descubierto en la que parece que ninguno de los dos encaje en los deseos del otro, pero que finalmente queda resuelto por la atracción de ambos polos. Gran clásico, musical y película a la vez, con la maravillosa Audrey Hepburn.

 

 

RECIBIENDO INSTRUCCIONES

DE

GEORGE CUKOR EN EL SET DEL RODAJE

 

 

 

 

 El film obtuvo los premios siguientes:


Mejor película Ganadora
Mejor dirección George Cukor Ganador
Mejor actor Rex Harrison Ganador
Mejor actor de reparto Stanley Holloway Candidato
Mejor actriz de reparto Gladys Cooper Candidata
Mejor guión adaptado Alan Jay Lerner Candidato
Mejor sonido George R. Groves Ganador
Mejor montaje William Ziegler Candidato
Mejor fotografía (color) Harry Stradling Ganador
Mejor dirección artística (color) Gene Allen
Mejor adaptación musical Andre Previn Ganador
Mejor diseño de vestuario (color) Cecil Beaton Ganadora

 
Globos de Oro:


Mejor película - Comedia o musical Ganadora
Mejor director George Cukor Ganador
Mejor actor - Comedia o musical Rex Harrison Ganador
Mejor actriz - Comedia o musical Audrey Hepburn Candidata
Mejor actor de reparto Stanley Holloway Candidato

 
Premios BAFT :


Mejor película Ganadora
Mejor dirección George Cukor Ganador
Mejor actor británico Rex Harrison Candidato




Genial, maravillosa, increíble... Probablemente mi opinión no es objetiva porque es mi musical favorito....!!! pero es que es una delicia !!!... En mi casa ha sido proyectada y visionada y no sólo un par de veces. Puedo decirles con orgullo que he visto esta película más de 20 veces y creo que me quedo corto. Y sí, es cierto que a estas alturas de mi vida no puedo resistirme a cualquier film en el que aparezca Audrey Hepburn, porque ha sido una de las grandes. Prefiero la versión original en la que no destrozan las canciones, con los patéticos doblajes que pretenden emular la grandeza de unas canciones compuestas en su idioma original. Y es que me pone enfermo el ansia de sustituir algo que no puede superarse, sólo por no hacer el esfuerzo de leer los subtítulos. ¿De verdad tanto cuesta?. Totalmente recomendada a cualquier tipo de público y no podrán resistirse a pronunciar la mítica frase: "La lluvia en Sevilla es una pura maravilla", se lo aseguro.
En mi opinión merecidísimo Oscar para Audrey en esta película, y que le fue arrebatado por una Mary Poppins entrañable, pero no comparable con el papelón de Elisa Doolitle, en esta obra de culto que es MY FAIR LADY. La banda sonora es sin duda una de las más brillantes y recordadas del cine, son canciones que nada más escucharlas te trasladan a otra dimensión, a épocas de esplendor. El vestuario es mítico, y no existe un adjetivo para calificarlo...consigue envolvernos en el viejo glamour Hollyvodiense. Para finalizar mi articulo, reitero por enésima vez que es uno de los musicales más recordados. My Fair lady no es solo un musical, es una gran película que no ha envejecido nada y que sigue creando el mismo impacto que tuvo en su día. Decir que fue la gran ganadora de los Oscars de 1964 es poco para definir esta realización portentosa dirigida por un maestro George Cukor, uno de los más impecables directores que alguna vez dió Hollywood, él nos lleva por un largo, persistente y divertido camino, donde el exigente propósito es lograr que la analfabeta joven se convierta en una dama de buen gusto y expresión, que pueda ingresar de manera creíble en el baile de embajada con toda la nobleza de Transilvania. Cukor nos dá una lección de cine, de fe, de superación, autoexigencia y compromiso ferviente con aquello que se desea, dejándolo bellamente plasmado.


Obras como éstas, nos ayudan a amar con mas fuerza el arte cinematográfico.

 

!!! QUE BELLO ES EL CINE MR CUKOR.....QUE BELLO !!!