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EL CISNE NEGRO

 

 

 

 

 

Comienza lentamente y con suave estilo, contándonos la historia de una bailarina apasionada por su profesión. Entonces, poco a poco empezamos a sentir un extraño suspenso, que nos produce una cierta presión. La película sigue avanzando, con un sonido fenomenal, y sin darte cuenta, se va metiendo más dentro de ti, volviéndose cada vez más intensa, hasta llegar al punto donde tu sientes la presión que siente el personaje. Es aquí, cuando Darren usa todos sus recursos, para liberar la presión y entrar así de una manera impresionante, en algo mucho mas amplio que un film cualquiera, nos deja a merced de una historia más de las miles que pueblan en mundo de la danza, cruel sí, pero bella como una puesta de sol. Una película excepcional, la mejor del director, que está llena de grandes momentos que sin duda te llegarán y cumplirán con su cometido. Lógicamente, no es para todo el mundo, así que por favor, antes de realizar una crítica mala hacia esta obra de arte, primero evalúen si la película es mala o si fue que simplemente no les gustó, porque no entienden de arte. Hay que aplaudir a Natalie Portman, quién realiza la interpretación de su vida, ganando por ello los siguientes premios: Óscar a la mejor actriz
Globo de Oro a la mejor actriz, Premios Bafta a la mejor actriz y el Premio del Sindicato de Actores. 

 

 

Aronofsky como realizador de "Black Swan" es uno de los narradores más importantes, del cine norteamericano actual. Es capaz de levantar una película y transformarla en un orgasmo cinematográfico que se alarga durante más de cien minutos de gozo. Nos mete en la cabeza de su protagonista, acariciando su personaje con movimientos de cámara que varían en base a su estado de ánimo: más bruscos cuando se palpa nerviosismo, planos fijos cuando hay calma. La cámara en mano funciona a las mil maravillas en las coreografías de ballet, rodadas en una sola toma, excepto en la representación final. Si bien Portman se deja la piel, tampoco puede negarse que los secundarios no son menos: Kunis enamora la cámara, Cassel está genial, Hershey y Ryder, con sus escasos minutos en pantalla, también demuestran sus tablas. La banda sonora de Clint Mansell es exquisita, así como el sobresaliente trabajo del sonido, que hace que las escenas funcionen casi a modo de coreografías completas. La fotografía de Matthew Libatique ayuda a crear una ambientación malsana, opresiva, algo que no se veía en una pantalla grande desde el Lynch de "Mulholland Drive".... El fantasma del tristemente desaparecido Satoshi Kon y su ópera prima, "Perfect Blue", revolotean por cada fotograma, en cada encuadre. Es como si Darren estuviese poseído por el genio nipón, entregando la que es, por ahora, su mejor película, con un tramo final que divide opiniones pero que en mi caso no hay duda: es sensacional. "Black Swan" es cine modélico, cuidado, trágico y bello. Negro, como el cisne. Pero puro, y en su imperfección... perfecto. ¿Se puede dividir el alma humana? ¿Se logra ser lo cándido y ladino? ¿Se es capaz de ser el cisne blanco y negro? ¿De alcanzar la perfección sin importar perder la cordura y el alma? En vista de las críticas es necesario volver al origen de la obra. ¿No es acaso el ballet capaz de emocionar? ¿No tanteaba muchas veces Hitchcock con lo burlesco para sugerirnos que el suspense se sustenta en lo inexplicable y lo imprevisible?... A través de una puesta en escena basada en el cromático vestuario, juegos de efectos de sonido y acrobáticos espejos, Darren Aronofsky parece recrear la perdida en sí misma de la protagonista.

 

 

Es cierto que tal como nos muestra la película la perfección no sólo es control sino muchas veces liberación y desinhibición. No entiendo, por qué se critican los excesos en la recta final a Aronofsky cuando simplemente se limita a predicar con su ejemplo. ¿Fingir o dejarse llevar? Está claro que el director de “Réquiem por un sueño” quiere poner un excelso de excesos digitales justificados por el propio guión, que convierten al propio espectador en víctima de la paranoia de la protagonista. Algunos criticarán otros, donde me incluyo, dirán que se trata de mera y genial consecuencia, de un cine al límite de todas las posibilidades. Conocemos la historia, sabemos todo aquello que nos va a mostrar y el poder, sobre sorpresas en el libreto, aparentemente es mínimo… Entonces, ¿qué ha visto una gran mayoría de espectadores que hemos quedados prendados por “El cisne negro”? Posiblemente sean las dosis, en su justa medida, del Satoshi Kon de “Perfect Blue”, del Hitchcock de “Marnie, la ladrona”, del Mankiewicz de “Eva al desnudo” o del David Cronenberg de “La mosca”. Parece que todo el camino del director se basaba en llegar a este punto. Nos muestra que la locura y la paranoia van ligadas para la consecución de los objetivos de Maximillian Cohen. En “Réquiem por un sueño” Sara Goldfarb, víctima de las anfetaminas, sufre alucinaciones que la alejan completamente de la realidad. Las barreras de la muerte intentaban ser traspasadas por el amor en “La fuente de la vida” donde se duplicaba la realidad temporal y física de los personajes. Y se creía que la decante y crepuscular “El luchador”, con la que consiguió el León de Oro, era un oasis en su filmografía pero todo indica que se trata de un perfecto trampolín hasta lo que supone su mayor obra hasta el momento. En el “Cisne negro” convive perfectamente esa ‘cámara sombra’ heredera de los hermanos Dardenne, que tanto y tan bien han explotado el digital de Michael Mann y David Lynch, con la que Aronofsky atrapó a su personaje encarnado en un Mickey Rourke que se comía la pantalla a puñetazos mientras su cuerpo era dinamitado. Ahora es Natalie Portman la que es víctima del primer plano, la que es encerrada y atrapada dentro de su propio mundo. Plano secuencia en mano y realidad encerrada en un marco que nos hace partícipes de sus fantasías más oscuras y de su transformación en algo que nunca podrá controlar.

 

Bailar con la muerte.... Brillar en el escenario con el fulgor sobre las sombras... El último aleteo a modo de suspiro mórbido. Una pluma blanca teñida de sangre parece negra. La porcelana se resquebraja al ritmo de Chaikovski. Las muñecas se rompen atenazadas en un contendor del que quieren escapar. Eso es “El lago de los cisnes”, una liberación por amor… y aquí el amor de Aronofsky por el cine pretende dejar un legado de la amorfia de un cuerpo que fluye entre plumas, lágrimas y sangre. Olviden la gallina porque esta película les pondrá la piel de cisne. Te puede dejar como a la protagonista: tocada del ala. Olviden las escarpias porque quedarán con los pelos como plumas emergentes de cisne negro. Olviden la letra porque “El cisne negro” es puro cine negro. Nina es perfecta, un cisne blanco de movimientos gráciles e impecables que danza en etéreo compás por encima del resto de mortales. Pero también es una mujer reprimida, que duerme custodiada entre muñecos de peluche, sufre la insidiosa competitividad de sus rivales y se ahoga en los sueños frustrados de su madre dominante. ¿Nina es perfecta?. Dejarse llevar, eso es lo que ella no consigue en su obsesión perfeccionista y eso es lo que representa la nueva incorporación de la compañía, Lily: el movimiento insubordinado, desafiante y seductor; lo que Nina no posee y necesita tener. Para ser la primera bailarina de la compañía en la nueva función de Tchaikovsky, deberá ser el cisne blanco que ya es y el cisne negro que pugna por salir, por liberarse de todas las ataduras y el sufrimiento que lleva acumulado en tantos años de disciplina, dolor e inhibición. Entregarse al deseo, al peligro, a la majestuosidad de un ser que despliega sus alas proclamando su libertad ante todos, es la única manera de ser la reina de los cisnes, pero la corona tiene un alto precio. Así como el miedo es un veneno para el artista, intentar librarse de él también puede desatar el camino hacia la autodestrucción, un camino en el que Nina se verá poco a poco abocada en su empeño por convertirse en cisne negro. Un magnífico descenso a los infiernos de una Natalie Portman en estado de gracia que hace creíble lo imposible, desde el trastorno obsesivo compulsivo hasta el delirio, la genial dirección a cargo de Darren Aronofsky en una inolvidable sinfonía del dolor, una metamorfosis de ecos kafkianos, valiente como pocas… Una suma de elementos y talentos que elevan al film como la obra definitiva del autor. No es para todos los paladares, pues habrá quien desconecte de su vorágine visual y maldiga sus excesos, pero es que para disfrutarla, hay que sumergirse en ella de cabeza y dejarse llevar.

 

 

La respuesta que Natalie Portman ha dado a Sarah Lane, la bailarina profesional que fue su doble en Cisne Negro y que denunció que la actriz, rodó tan solo el 5% de las escenas de ballet de la película:

- "Yo sé lo que pasó. Y hemos tenido una experiencia increíble al hacer la película y no quiero empañarlo empañarlo con maldades", -dice Portman-."Black Swan", no es una adaptación del lago de los cisnes. Digo esto, para aquellos que les gusta excitarse con el sonido de su voz al tiempo que la valoran como tal. Es un retrato de la represión, una fábula sobre la búsqueda de la perfección y la consecuencia de los efectos que nos destruyen a la hora de sobrepasar ciertos límites o vender el alma y el cuerpo por una causa donde la fe se une con la inconsciencia y están por encima de todas las cosas. Donde lo intangible supera a la realidad, donde lo que esperan de nosotros se come a bocados nuestra propia identidad. "Black Swan" es una pura metáfora de si misma y Darren con esos esbozos define un dibujo inolvidable. "-

 

 

Aronofsky dota su cine de una indudable identidad, incluso cuando no me crea más que desprecio en su réquiem. Me es imposible evitar comparaciones con el Haneke de "La pianista", el cual crea en "Black Swan" quizá la influencia más marcada. No obstante, estamos ante un sello completamente nuevo y definido, el delirio sobre la consecución de un estilo. Y por segunda vez, honesto, directo y certero. El tercer acto es bestial, donde algunos ven "efectismo hueco" yo siento que la historia despega, considero la "afición de Aronosfski por el desmadre" como algo necesario y admirable. Su enajenación mental siempre va acorde con los orgasmos de sus cisnes, imprecisa por necesidad, transgresora con conocimiento de causa, inconsciente sin remordimientos y bella por encima de todas las cosas. Portman se entrega a la causa en cuerpo y alma, hasta tal punto que consigue que me olvide por completo de toda la mierda que pasea anualmente por las carteleras. Sin quitarle méritos, tampoco nos emocionemos ya que la dirección de actores vuelve a ser uno de los valores más en alza de Darren. Incomprensible la ausencia de nominación de un Cassel pocas veces visto y admirable en su transformación. Impagable escena cuando Portman se masturba entre peluches y en presencia de su madre. Fiel retrato de la sórdida opresión en la que vive. El tramo final es memorable, me cuesta imaginar que alguien no lo haya entendido como lo que es, la búsqueda del cisne negro a través del descontrol y la decadencia que este necesita, consiguiendo asi seducirnos por primera vez. Ese es el precio de la perfección, algo que tan solo puedes acariciar cuando pierdes todo lo demás...Estos todos los profesionales de la dnza lo pueden corroborar

 

 

DICHO POR NATALIE PORTMAN EN UNA RUEDA DE PRENSA.

 

 

 - " La película ha sido, sin dudarlo, mi mayor tour de force hasta la fecha... Creo que la universidad me preparó para afrontar trabajos duros. Para aceptar retos y esforzarme para superarlos. Cuando recibí el guión me lo leí una y otra vez. Normalmente me basta con echar un vistazo al material para decidir, en un día o dos, si me interesa o no. En este caso me vi absorbida por la historia. La releí durante una semana entera porque se trataba de un desafío muy complicado, que hacía que se me encogiera el estómago de miedo. Era un salto al vacío. Por eso dudé, ¡claro que dudé!, pero pudo más saber si sería capaz de superar... el reto. En mi interior supe que estaba lista para entregarme al 100 por cien en el escenario visceral que Darren Aronofsky me ofrecía. Y la confianza de Darren también fue vital para saber que podría lograrlo. Al final resultó que toda la riqueza de matices de mi personaje y del film me permitió crecer como persona, como mujer y ser mejor actriz. Es difícil trabajar un papel como este en términos de realidad. De hecho estamos en el cerebro de Nina y no sabemos cuánto hay de fantasía o de paranoia en lo que ve, percibe o hace.. Además el ballet lo agiganta. Lo practiqué hasta los 13 años, así que ya tenía una base previa antes del rodaje. Pese a todo, comencé un entrenamiento severo, duro. Y digo duro porque, con 28 años, no es sencillo retomar algo que hace 15 años que no practicas. A mi edad una bailarina está ya prejubilada... salvo que seas una diva. La altura también era una desventaja: de niña, ser baja no es tan problemático como ahora, cuando todos han crecido y tú sigues siendo la más pequeña del grupo. Convertirme en Nina ha sido una labor, diría que casi una lucha, complicada, muy trabajada, muy física. Un año antes de rodar ya estaba inmersa en un plan de entrenamiento, y esos ejercicios no pararon al comenzar el film sino que se sumaron al desgaste normal del rodaje. Estaba 16 horas diarias ejercitándome. Fue verdaderamente extremo aunque esencial para darle verosimilitud al personaje, para mostrar en pantalla el agotamiento y la obsesión enfermiza de Nina. ¿Si Aronofsky me ofreció el papel porque vio algo oscuro, o miedos ocultos dentro de mí?... ¡No lo creo! Bueno, todos tenemos una parte oculta y vulnerable, o no demasiado agradable, que no nos gusta y no queremos que se conozca... pero no creo que me ofrecieran el personaje por eso. Darren lo hizo porque pensó que mi habitual imagen frágil en el cine añadía matices a la transformación de mi personaje. Y la verdad es que ha sido una oportunidad única de cambiar de registro, de graduarme como actriz. Desde ahora soy una compulsiva buscadora de riesgos, de peligros profesionales. No quiero más papeles planos, o tontos, quiero seguir explorando las alturas, descubrir nuevas facetas de mi profesión. ¡Sin que eso tenga nada que ver con mi tranquilad familiar o aburrida vida cotidiana! Hacer en la interpretación cosas que te asustan es algo magnífico. Los desafíos son necesarios: es un intercambio entre lo dificultoso, lo extremo, y la recompensa que recibes es enorme."-

 

"Cisne negro", ya anticipa en su base argumental bastante más interesante en principio que sus obras anteriores. Ésta es la primera vez que veo una película de Aronofsky como un todo, como una vorágine que me arrastra por completo durante su narración; y no como la suma de sus partes. Es difícil determinar de una forma clara las razones de una percepción tan subjetiva, pero el hecho es que a mí me convencen todos los recursos que utiliza Aronofsky en esta película. Creo, en primer lugar, que el uso del contexto del ballet es inmejorable. Las piezas musicales de "El lago de los cisnes", junto con las imágenes y la gracilidad de movimientos de la danza, se mezclan a la perfección con los detalles enfermizos de la obsesión creciente de Nina, dando un resultado profundamente hipnótico que llega a su máxima expresión en el acto final.

 

Natalie Portman desdoblada, por si no llenaba la pantalla con su interpretación dificilísima, cargada de patetismo y cierta crispación, esta sublime. El ambiguo profesor la guía con enérgicas intervenciones (“¡Déjate llevar, la única persona en tu camino eres tú!”) por la raya entre lo objetivo y lo subjetivo, donde fermenta el ‘crescendo’ hacia lo sublime. Al espectador también le habría convenido alguna guía y complicidad, porque sólo se le presentan los efectos. Posee el fim una brillantez visual, montaje ágil, alguna metáfora luminosa, todo al servicio de la catarsis, la belleza entendida como paroxismo romántico, a la exacta manera de Chaikovski. Cissne negro hace malabarismos en una cuerda floja entre el virtuosismo y la locura, dos estados que se relacionan y están obligados a entenderse en la mente del espectador.

 

Un excelente trabajo de fotografía y música se suman a la actuación de Natalie Portman, que es la mejor interpretación de toda su carrera...

Merecidísimo el Oscar.

 

Mas allá de la interpretación, está la psicosis y el suspense de la cinta, Cisne Negro es una historia truculenta y angustiosa que habla de la competitividad, la represión sexual, y dependencia familiar, donde los recovecos más oscuros de la mente de una bailarina muestran que a veces el enemigo no está fuera sino dentro de uno mismo, con todo y con muchísimo mas, es una película de culto elevándose hacia el crepúsculo de las grandes obras maestras del cine

 

 

 

Si queréis disfrutar de arte, música y belleza...EL CISNE NEGRO....os está esperando....!!! DISFRUTADLA.!!!

 

 

 

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